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sábado, 15 de agosto de 2009

365 Días Después

calendario3



TIEMPO: Duración de las cosas sujetas a cambio o de los seres que tienen una existencia finita.

¿Alguna vez nos hemos puesto a meditar sobre como era nuestra vida hace un año?
¿Que sentíamos? ¿Quienes estaban con nosotros? ¿Quienes ya no están? ¿Éramos más felices que ahora? ¿Estábamos en peor situación?

Muchas personas piensan que lo mas valioso en la vida es el dinero; o los bienes materiales; o la quincena; o su carro; o cualquier otra cosa material que posean en un momento dado.

Sin embargo lo mas valioso con lo que contamos es el tiempo y el mismo es prodigado en igual cantidad para todos nosotros.
Diariamente recibimos un crédito por 24 horas para que lo utilicemos como nosotros deseemos: ricos y pobres; los del primer mundo y los del tercero; los altos y los bajos; hombres y mujeres; adultos y jóvenes; todos disponemos de la misma cantidad de minutos y segundos.


Hablamos de matar el tiempo como si no fuera el tiempo el que nos mata a nosotros. - Alphonse Allais

Para muchas personas el tiempo es algo infinito que seguirá dándose y que nos esperará mientras disfrutamos de los placeres de la vida.
Esto es así en especial en nuestra etapa púber.

No somos conscientes que con cada día que dedicamos a la diversión y a los placeres de la vida, en realidad no estamos “matando el tiempo”: estamos matando nuestro futuro y desperdiciando nuestra vida; ya que nuestro tiempo pasa más rápido de lo que pensamos y nuestro crédito diario se nos escurre de entre las manos a la velocidad de la luz.


DISCIPLINA: Hacer lo que hay que hacer; en el momento justo; nos guste o no nos guste hacerlo.

Muchos somos especialistas en posponer la ejecución de nuestros deberes y responsabilidades.
Somos propensos a dilatar nuestros compromisos para con nosotros mismos en aras de evadir el enfrentar nuestras obligaciones.

Optamos por no contestar el teléfono para no encarar una situación dada; otros echan mano de cualquier excusa para no salir a hacer ejercicio, aún necesitándolo; aquellos evitan el encontrarse con una persona, ya que tienen compromisos incumplidos con ella.
En fin el objetivo es no hacer frente a situaciones inevitables… pero desagradables.


Siendo niños éramos agradecidos con los que nos llenaban los calcetines por Navidad. ¿Por qué no agradecíamos a Dios que llenara nuestros calcetines con nuestros pies? - Gilbert Keith Chesterton

Hace un año ¿Donde estábamos?
Muchos estaban en un hospital, languideciendo a la espera de una operación o recuperándose de una.
Presos entre cuatro paredes sin ningún atisbo de libertad.
Quizás posábamos nuestra vista por la ventana y veíamos como la vida se desenvolvía con toda normalidad, ignorante de nuestra desesperación por unirnos a ese río de actividad; tan cercano y tan lejano; presos por un quebranto de salud.

Otros estaban en una cárcel, a la espera de un juicio o pagando una pena.
Viendo como las hojas del calendario caían y con su corazón apisonado por las abominaciones del confinamiento y por la contundente sensación de que la libertad les estaba siendo negada.

Otros estábamos sumergidos en el dolor de la pérdida de un ser querido; negándonos a creer que nunca más escucharíamos su voz, ni contaríamos con su presencia.
La vida se nos tornaba inconcebible.

Otros habíamos abierto nuestros corazones a personas que queríamos, depositando en ellos nuestra confianza y nuestros más profundos secretos; sólo para ver con el paso del tiempo cómo éramos traicionados vilmente.

Probablemente hace un años disfrutábamos de las dulces mieles de la prosperidad – misma que en estos momentos nos ha sido negada –, mientras que ahora nuestra alma se ve enturbiada por sentimientos de resentimiento y tristeza por todas las pérdidas que hayamos experimentado en tan breve lapso de tiempo.

A veces – sean cuales sean nuestras circunstancias – perdemos la perspectiva y no somos conscientes de que cada día que nos es prodigado es una bendición de Dios: hoy muchas personas, que en lugar de amanecer en una mullida cama - por humilde que sea -, amanecen sobre un frío tálamo de metal en una morgue.

Ello nos debe llevar a considerar que en lugar de tomar nuestro regalo diario de horas y - cual presente común y corriente - depositarlo en una esquina, para olvidarlo; deberíamos valorarlo como lo que es: un privilegio de Dios que en ese mismo instante le es negado a miles de personas alrededor del mundo.

Sean cuales sean nuestras circunstancias, cada día es una bendición de Dios y un nuevo comienzo.


"Los que utilizan mal su tiempo son los primeros en quejarse de su brevedad." Jean de la Bruyère

Todos en el fondo sabemos cuando estamos desperdiciando nuestro tiempo.
Por instinto lo sabemos, y por ello embotamos nuestra mente con alcohol, drogas o rutina; para que cuando tengamos que enfrentar al hombre en el espejo, la imagen esté difuminada y de esa forma no podamos reparar en los detalles que nos muestren la decadencia de nuestra vida.

Muchos tratan de esconder la misma a punto de botox y de los artificios que les brinda la cirugía estética moderna, sin tomar en cuenta que el horror externo lo podrán esconder: pero el de su alma – cual moderno Dorian Gray – nunca.


El pase del tiempo no es bueno ni malo. Es inexorable y escapa a nuestro control. Simplemente es.
Nuestras acciones y omisiones son las definen la utilidad o inutilidad de su paso.

Ya no interesa lo que sucedió hace un año; hace seis meses; hace cuatro semanas; hace 24 horas; hace un segundo.
Lo que importa es lo que hagamos a partir de este instante con nuestro tiempo y el hecho de que comencemos a ser conscientes de que con cada paso del segundero no nos hacemos más jóvenes… sólo mas viejos.
Y de ser posible - depende de nosotros - más sabios.


¿Amas la vida? No desperdicies el tiempo porque es la sustancia de que está hecha.- Benjamín Franklin

Autor: Yohel Amat

miércoles, 12 de agosto de 2009

La importancia de ponerse en los zapatos de los demás

saludo

Si hay un secreto del buen éxito reside en la capacidad para apreciar el punto de vista del prójimo y ver las cosas desde ese punto de vista así como del propio. - Henry Ford

El hombre estaba indignado.

Mientras se dirigía a su vehículo, alcanzó a escuchar al conductor de la camioneta blanca – de lujo – proferir una interjección con la cual quería indicar lo molesto que estaba con la actitud de nuestro protagonista.

Unos minutos antes, nuestro hombre había estacionado su vehículo en un espacio de una gasolinera que se encuentra a unos 300 metros de la oficina donde pernocta diariamente.

Se encuentra desempleado desde hace varios meses y la verdad es que la angustia es su eterna compañera desde hacía varias semanas, ya que no sabe como pagará sus deudas y compromisos. El cerco se le cierra poco a poco.

Por suerte un cliente le había llamado – está al otro lado de la calle frente a la estación de gasolina – y por ello había decidido estacionarse en ella para ahorrase el tener que caminar desde la oficina.

Para calmar su conciencia, se prometió a sí mismo que cuando regresara, aunque sea entraría en la tienda de conveniencia de la estación a comprar algo para tomar y de esa forma justificar el tiempo que su vehículo estaría ocupando un espacio.

Se encontraba totalmente absorto esperando por el momento más oportuno para cruzar la calle, cuando la camioneta de marras se detuvo a su lado y el conductor le dice – bajando la ventanilla lentamente – que por favor moviera su carro de donde lo había estacionado.

Su tono no fue el adecuado y sonaba molesto. Por un momento nuestro héroe no entendía que le quería decir. Estaba consciente de que se había estacionado bien y no obstruía a nadie.

- “Mueva su carro, que está ocupando un espacio a la sombra” – espetó.

En ese momento empezó a entender: se trataba de alguien de mando en la administración de la estación de combustible, sino el dueño.

- “No le entiendo. Yo soy cliente diario de esta bomba y lo único que voy a hacer es cruzar la calle; hacer un trabajo de 10 minutos donde un cliente; y luego regresaré a hacer unas compras en su tienda y luego me iré” – respondió, sintiendo como la ira le invadía.

- “Mueva su carro. Me está ocupando un espacio a la entrada de la tienda y encima a la sombra” – fue la respuesta.

- “¡No le importa!” – pensó asombrado el hombre.

Viendo la situación, el hombre decidió mover su carro y estacionarlo en la oficina.

Así estaban las cosas cuando se montó en el vehículo y molesto lo movió hasta el lugar designado en la oficina.

Todavía cavilando en lo que había pasado caminó hasta donde su cliente y al momento de subir las escaleras descubrió que una herramienta básica para su trabajo se le había quedado.

- “¡Demonios!” – pensó.

No había forma de evitarlo: tendría que volver caminando a la oficina a buscar el equipo que se le había quedado.
La indignación que sentía por el incidente anterior y ahora por el olvido era mayúscula.

Mientras caminaba iba cavilando con respecto a lo sucedido en la estación de gasolina.
Por un momento se puso a pensar en esa cosquillita; en ese resquemor que venía sintiendo a partir de la discusión y súbitamente se dio cuenta de algo: se trataba de culpa.

En ese momento – cual si fuera espectador externo – se situó a distancia y por instantes trató de ponerse en la posición del dueño de la bomba: una persona se estaciona en los escasos estacionamientos de la misma; encima ve como se dirige hacia otro lado, o sea que no consume.
Adicional a ello nadie le garantiza que el hombre realmente va a comprar algo a su regreso.
Además sepa Dios cuantas veces antes le han ocupado los espacios de estacionamiento personas que no le dejaron ningún ingreso y que encima se sirvieron de su propiedad privada.

En ese momento sintió como la ira disminuía y comprendía que él mismo se había estado engañando: ese trabajo no iba a tomar 10 minutos – en realidad tomó mas de 4 horas – y todo ese tiempo el estacionamiento estaría ocupado por él.

Un rubor se dibujó en sus mejillas, producto de la vergüenza de darse cuenta de que había tratado de aprovecharse de otra persona.

Se prometió a si mismo que nunca mas volvería a hacer una acción así… y también que nunca más pisaría esa estación de gasolina.

La misma era donde varias veces a la semana compraba gasolina para su carro y donde casi a diario compraba chucherías, bebidas y burundangas. Y a precios de oro, ya que se aprovechaban de que no había ninguna competencia a buenas calles a la redonda.
En eso no había mentido: si era cliente regular.

Con la actitud prepotente del dueño de la gasolinera y con su petulancia, lo único que había causado era la animadversión de nuestro hombre y por ello había decido no comprar mas allí.
Si se hubiera acercado amablemente a explicarle cual era el motivo de su petición y si hubiera escuchado lo que tenía que decir el marchante, entonces las cosas hubieran sido diferentes.

Sin embargo lo hecho, hecho estaba y ahora sólo quedaba apurar el paso y encaminarse nuevamente hacia la oficina de su cliente.
Sin embargo ahora iba en paz.


Es posible conseguir algo luego de tres horas de pelea, pero es seguro que se podrá conseguir con apenas tres palabras impregnadas de afecto. - Confucio

Muchas veces las discusiones comienzan por un incidente nimio e insignificante pero que a resultas del ego de cada uno de los participantes llega a veces a extremos ridículos.

Pocas veces nos ponemos a meditar en los motivos por los cuales la otra persona se encuentra indignada y tendemos a justificar nuestras acciones – con o sin razón – como una forma de calmar nuestra conciencia.

Raras veces nos ponemos en los zapatos de la otra persona para tratar de comprender el porqué de su actitud y por ello no entendemos la situación en su contexto.

Acostumbrémonos a ver las cosas desde el punto de vista de nuestro prójimo y de esa forma nos ahorraremos muchos malos ratos y sinsabores.

Hay que recordar que las peleas nunca tienen ganadores: hasta el “ganador” lo único que se lleva es una victoria pírrica… y un nuevo enemigo.

Autor: Yohel Amat