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martes, 3 de noviembre de 2009

Tu también puedes “brillar”

La persistencia es de nuevo en este caso, como en muchas otras cosas de este mundo, la primera y más importante clave del éxito.
Anónimo

Este anuncio - originario de Tailandia -tiene un mensaje tan poderoso que he optado por publicarlo en éste blog, ya que me ha conmovido casi hasta las lágrimas.

Nos muestra la irreal historia de una sorda con deseos de aprender a tocar el violín… todo a ritmo de música clásica.

Vemos las burlas de los demás y los clásicos “realistas” que quieren hacerle ver la realidad: una sorda no podrá nunca tocar el violín.
Nuestra protagonista aún así persiste y lo primero que consigue para alcanzar su objetivo es un mentor.
Se trata de un músico callejero el cual – y sin tener ningún tipo de relación con ella - sí cree en su deseo ardiente y la apoya y alienta.

Durante el transcurso del anuncio vemos como a su alrededor todo el mundo - expertos en el arte de saber porqué los sueños no se van a realizar – le dicen todos los motivos por los cuales ella va a fracasar.

Su mentor le regala su primer violín y con él comienza su entrenamiento… y además arrecian los problemas.
Ello siempre será así porque cuando se trata de un ideal noble siempre habrá resistencia para probarnos a nosotros mismos de que estamos hechos y si realmente nos lo merecemos.

Posteriormente vemos como ella comienza a practicar y practicar sin que nada ni nadie le haga desistir.
Mientras tanto ni por parte de su propia hermana – la cual es pianista – recibe ningún apoyo.
Todo lo que recibe son mensajes como:

- “¿Puede una gallina volar?
- “¿Puede un sordo aprender a tocar el violín? ¿Por qué no aprendes otra cosa?

Llorando habla con su mentor y le pregunta, desesperada: “¿Por qué tengo que ser diferente que los demás?”; a lo que él le contesta:

- “¿Y porqué tendrías que ser igual? La música es algo visible. Cierra tus ojos y la verás.

¡Qué contraste!

Sus compañeros en el colegio se burlan de ella… nadie cree en su sueño. Sin embargo nuestra protagonista se mantiene firme practicando y en aras de su sueño el cual es participar en un concurso de música clásica. ¡Qué locura!

Para colmo de males unos gamberros en la calle le destrozan su violín y además hieren a su mentor el mismo día del concurso. Ello descorazonaría hasta al más templado, sin embargo nuestra heroína arregla como puede su violín y se presenta al concurso, cuando ya daban por sentado que no asistiría.

En ese momento toca con el corazón en la mano y da rienda suelta a todo el dolor y frustración acumulado en el camino recorrido hasta ese momento: el momento de demostrarle a todo el mundo que ella si podía ser una gallina voladora.

Las notas – inaudibles para ella – fluyen con la pasión de alguien que está en el éxtasis de hacer lo que siempre deseo realizar y que por ello aprovecha el momento para poner alma, vida y corazón en cada uno de sus movimientos, en aras de la perfección.

De más está decirles que al final recibe una ovación de pie, junto con el mensaje final: “Tu puedes brillar”.

Espero que ustedes también lo disfruten como yo lo he hecho y que podamos darnos cuenta de que los sueños están a nuestro alcance, solamente requerimos de dos cosas: creer en nosotros mismos y decidirnos a ir a por ello.

Autor: Yohel Amat

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jueves, 23 de julio de 2009

Volvamos a ser como niños



Los niños no tienen pasado ni futuro, por eso gozan del presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros. - Jean de la Bruyere

Muchas veces en la vida nos encontramos en situaciones difíciles, las cuales nos agobian y nublan nuestra visión del futuro.
En esos momentos la mayoría optan por entregarse a la desesperanza y abandonan toda fe en que las cosas vayan a mejorar.

Los duros avatares de la vida muchas veces “endurecen” nuestro corazón y nos hace cínicos y sarcásticos.
Abandonamos todos nuestros sueños y empezamos a creer que la vida es buena con los afortunados, y despiadada con los que no nacimos con suerte.

Todos nacemos con la chispa del genio en nosotros. TODOS.


Todos somos Hijos de Dios y nacemos con todo el equipo necesario para lograr todas las metas que nos propongamos y para desarrollar y aprovechar al máximo todos los talentos que Dios nos dio.

Cuando somos niños, para nuestra mente e imaginación no hay límites: todo es posible.

¿Qué si Santa Claus baja por una chimenea a traerle regalos para Navidad? ¡Claro que sí!
¿Qué si cuando crezca quiere ser astronauta? (“¿Cuáles son las probabilidades? ¡Pobre niño iluso!” – dirían los cínicos) ¡Claro que sí!
¿Qué si va a tener ese auto fantástico que vio en la televisión cuando sea grande? ¡Claro que sí!

Para nuestra mente infantil NO HAY LIMITES. TODO ES POSIBLE.

¿Qué si es muy alegre? ¿Qué si se emociona con nada? ¿Qué si cree en imposibles? ¿Qué si se preocupa por los demás? ¿Qué si cree en las personas? ¿Qué si cree en la amistad? ¿Qué si cree en lo bueno y lo malo? ¿Qué si tiene temor de Dios? Por supuesto que si.

En mi caso, mi reencuentro con mi niñez y juventud vino en forma de una vieja amistad de mis tiempos de colegio. Uno de los mejores amigos que he tenido en toda mi vida.

Me contactó un día por casualidades de la vida y la verdad es que ni su nombre ni su rostro me dijeron nada. Habían pasado mas de 27 años y mi mente estaba obnibulada por los problemas actuales.

Sin embargo ante la primera anécdota; ante el primer recuerdo; ante el primer chiste; vinieron a mi, en cascada incontenible, todos los recuerdos de nuestra juventud.

Recordé cuando éramos jóvenes e inocentes. Veíamos la vida como algo brillante y de colores vividos. La fuente de la vida para nosotros era inagotable y pensábamos que nunca se acabaría.
Estábamos llenos de planes para cada uno de nuestros futuros y disfrutábamos de cada día como si fuera el único.
Sosteníamos largas pláticas donde “diseccionábamos” la vida para descubrir todos sus secretos, ya que la curiosidad del joven es algo innato en él.

Carecíamos de deudas y los problemas que teníamos en nuestra etapa púber ahora, con el paso del tiempo, se ven insignificantes versus los actuales.

Nada era imposible y todo era probable. Contábamos con grandes sueños y nunca nos pusimos límites para lo que podíamos ser en la vida. Teníamos toda el futuro por delante.

Por supuesto, que por lo menos en mi caso carecía de planes concretos para alcanzar mis sueños, pero sobre ese tema hablaré en otras columnas.

¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad. - Simone de Beauvoir

La gran ventaja de que volvamos a ser niños es que con ello nos liberamos de gran parte del lastre que agobia nuestro crecimiento y limita nuestro futuro.
Cuando volvemos a ver la vida como niños podemos entonces reunir las fuerzas necesarias para vencer nuestros gigantes… así solo contemos con una honda y una piedra para ello.

Cuando enfrentamos la vida con desaliento y con pesimismo, la batalla prácticamente está perdida y las probabilidades que logremos salir avante se limitarán en gran manera.

Por mi parte un encuentro con mi pasado - después de tantos año y bajo la forma de un viejo amigo - me ha servido para llenarme nuevamente de ánimo y para encarar con mayor vigor los grandes retos que tengo por delante.

He renovado mi sentimiento de que cada día de vida es un regalo de Dios, el cual viene con un crédito por 24 horas – igual para todos – para que yo disponga de ellas como me plazca.

Las podré gastar en llanto; las podré gastar en quejas; las podré gastar en inacción; las podré gastar en el laberinto de mi ignorancia; las podré gastar en medios para evadirme de la realidad; las podré tirar por el caño si así lo deseo. Nada me lo impide.
Sin embargo he preferido gastarlas en construir un futuro mejor para mi y para mi familia.

Afianzaré mi creencia en lo que expresé en anterior columna (“Tu pasado es tu escuela o es tu garrote”; http://yohelyav.blogspot.com/2009/07/tu-pasado-es-tu-escuela-o-es-tu-garrote.html) y aprenderé todo lo que pueda de lo bueno y lo malo en mi vida y pasado; y con ello recuperaré mi alma de niño.

Autor: Yohel Amat