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"El secreto de la genialidad es el de conservar el espíritu del niño hasta la vejez, lo cual quiere decir nunca perder el entusiasmo."
Aldous Huxley
Todo padre aspira a que sus hijos tengan una vida mejor que la que ellos tuvieron.
Sin embargo en su afán de lograr dicho fin, hacemos exactamente lo contrario de lo que deberíamos.
Entre otros, estos son algunos de los geniales conceptos que los mediocres les enseñan a sus hijos:
- “Estudia y gradúate para que consigas un buen trabajo. Ese es tu único camino.”
- “Los millonarios son todos corruptos y explotadores.”
- “El dinero es la raíz de todos los males.”
- “Deja de estar pensando en tonterías y haz las cosas como siempre se han hecho.”
- “Mantén un bajo perfil para que a la hora de los regaños no se acuerden de ti.”
- “Deja de soñar y aterriza.”
- “El dinero atrae el dinero. Nosotros no tenemos oportunidad.”
- “Somos pobres pero honrados.”
- “Hay cosas que son imposibles para ti. Dedícate a lo tuyo ya que tú no puedes. No eres lo suficientemente inteligente.”
- “Las niñas a lo suyo y los niños a lo suyo. Hay profesiones que no son para mujeres; y otras que no son para los hombres.”
- “Solo los millonarios pueden crear empresas.”
- “Ocupa tu lugar. Zapatero a tus zapatos.”
Esta última es la más triste.
No bien comenzamos nuestra carrera educativa y ya el sistema nos empieza a programar para que seamos ganado sumiso listo para pastar en los yermos prados de la mediocridad.
Uno por uno nos empiezan a condicionar de manera que dejemos de creer que todo lo que nuestra mente concibe es posible realizarlo; como en efecto lo es.
Empezamos a perder ese espíritu de entusiasmo que nos hacía emprender cualquier cosa con empeño y seguridad infinita.
Poco a poco se nos mata la imaginación, de manera que nos limitemos a adoptar lo que el sistema nos dicta… sin chistar.
¿Qué sistema quiere ganado con iniciativa e independencia?
Gracias a Dios a esa edad todavía nuestros “expertos” padres no han comenzado a enseñarnos sus “exitoso” sistema financiero, el cual en su mayoría los ha llevado a la sobrevivencia – y en algunos casos desastre - financiera.
Sin embargo ya empezamos a adquirir hábitos y paradigmas basados en los ejemplos que nos dan nuestros padres, ya que a esa edad todo lo que sabemos es que ellos son los proveedores y son todopoderosos.
Ahora, queremos aclarar que nadie ha dicho que nuestros progenitores nos hayan educado como lo hicieron con malas intenciones. No, al contrario. He allí lo triste: lo hicieron con la mejor de las mismas.
No debemos culparles, ya que si usted no sabe que existe otra forma de hacer las cosas, ¿Cómo va a saber que actúa equivocadamente?
Muy pronto nos veremos de lleno en la adolescencia, etapa crucial donde o se nos termina de programar para la mediocridad; o nos rebelamos contra el sistema aprendiendo a desear, concebir y a buscar el éxito.
(Siguiente capítulo: La Adolescencia; el perfeccionamiento de la mediocridad)


