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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Esclavos del mal genio

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¿Quién es libre? El sabio que puede dominar sus pasiones, que no teme a la necesidad, a la muerte ni a las cadenas, que refrena firmemente sus apetitos y desprecia los honores del mundo, que confía exclusivamente en sí mismo y que ha redondeado y pulido las aristas de su carácter. - Quinto Horacio Flaco

Habemos muchas personas en éste mundo que vivimos bajo la égida de un ente que debería ser nuestro sirviente incondicional, pero que por diferentes razones nos domina a pesar de nuestro descontento.
Nos referimos al mal genio o carácter.

Durante gran parte de mi vida he sido esclavo de mi temperamento y ello me ha causado muchos inconvenientes, principalmente con la gente que mas amo y quiero: mi familia y amigos.

Muchas veces – después de haber pasado por un mal momento a causa de alguna “explosión” temperamental – me he preguntado a mí mismo el porqué no puedo dominar mis arranques emocionales al momento que las cosas no salen como yo quisiera.
Las conclusiones a las que he llegado son muy interesantes, al menos para mí.

La ira y el mal genio son muestras externas de frustraciones internas

Generalmente una persona “explosiva” lo es porque internamente se siente mal con su vida y con sus logros; y además hasta ese momento no ha podido encontrar una forma de exorcizar sus demonios internos.

Son personas frustradas y desesperadas que buscan una manera de cambiar las cosas, pero al no encontrarla reaccionan con ira.

Las personas “sanguíneas” son personas impacientes

La paciencia y el tiempo hacen más que la fuerza y la violencia. - Jean de la Fontaine

Éstas personas son impacientes y desean que las cosas se den a su manera y a su tiempo, sin tomar en cuenta que al mundo y a la vida le importan dos pepinos sus deseos y planes.
Las cosas son como son y los tiempos para que las cosas se den pueden ser acelerados por nuestras acciones, pero no programadas al segundo.

La paciencia es una virtud que debemos cultivar para que no seamos presa de la desesperación.

Los irascibles son personas que no saben enfrentar los imprevistos

Muchas veces los “malgeniudos” son personas que no saben reaccionar de forma constructiva ante los imprevistos que se dan en el andar de su vida.

Ante situaciones imprevisibles generalmente de carácter molesto o desagradable – reaccionan con ira y despotrican contra todo y contra todos a su alrededor, como si ello fuera a cambiar algo… al menos de forma constructiva.

Los “sanguíneos” son obsesos del control… en un mundo en caos

El mal genio generalmente se da en personas que quieren controlar todo: su trabajo; su familia; sus amistades; etc., y cuando las personas y situaciones no se comportan o se dan a su gusto, entonces reaccionan con enojo.

Hay que comprender que cada persona tiene carácter, convicciones y creencias y que a la gente no se le manipula… se les persuade.

Conclusiones

Ostentar un mal genio lo único que causa es que las personas se alejen de nosotros y que demos pie a que entren en nuestra alma sentimientos negativos que en nada nos ayudarán a alcanzar nuestros objetivos.

La paciencia y ponerse en los zapatos de los demás son las mejores armas para contrarrestar el mal genio y para poder ser realmente ser libres.

Autor: Yohel Amat

jueves, 30 de julio de 2009

Una Inspiración para el Camino

"Un padre es más de un centenar de maestros de escuela". - George Herbert

En muchas ocasiones de la vida nos hemos encontrado en encrucijadas donde todos los caminos que yacen ante nosotros se tornan oscuros; trabajosos y tormentosos.

Es en esos momentos donde nos damos cuenta de lo solitario que es nuestro andar por la vida, y de lo importante que es contar con una figura que nos sirva de norte y nos ayude - directa e indirectamente -a soportar el camino que tenemos por delante.

Mas aún, cuando veamos asombrados los destrozos causados en nuestra vida por nuestros errores y desaciertos, en muchas ocasiones tenderemos a auto recriminarnos y a sentirnos como los seres mas inútiles sobre la faz de la Tierra.
Ello nos puede hacer perder el rumbo o peor aún: sumergirnos en la depresión y en la postración.

Es en esos momentos donde deberemos hacer una pausa y buscar en el fondo del corazón esa persona o personas a las cuales les debemos algo: les debemos el hacernos merecedores a tantas esperanzas y a tanto amor.
En mi caso, esa persona es mi padre.

Se llamaba Juan Amat y fue la persona que me enseñó los principios y valores – correctos e incorrectos - que guiarían mi vida y que esculpirían mi carácter.
Siempre tuvo altas expectativas para mí - ¿Que padre no las tiene? – y siempre trató de ayudarme cuando me equivoqué.

En muchas ocasiones, a lo largo de mi vida adulta, he recriminado a mi padre por no haber hecho mucho mas por mí en momentos críticos de mi vida.
Ahora – después del paso del tiempo – he podido darme cuenta de que en su momento no me había hecho merecedor a dicha ayuda, ya que mis acciones y carácter en esos momentos no me hacían digno de confianza.
Ahora lo entiendo.

Mi padre murió en Diciembre del año 2000 y todavía ese espacio que dejó en mi corazón nunca ha sido llenado.
Permanentemente sopla en él el frío viento de la recriminación y el duro halito del remordimiento por las cosas que no hice por él… cuando pude.

No estoy orgulloso de muchas cosas en mi vida, pero al igual que lo he mencionado en otra columna (http://yohelyav.blogspot.com/2009/07/tu-pasado-es-tu-escuela-o-es-tu-garrote.html) estoy aprendiendo a usar mi pasado como una escuela, y no como instrumentos de flagelación con el cual castigarme por tantos desaciertos cometidos.

Siendo así, cada día que Dios me da de vida lo utilizaré para convertirme en una persona que pueda pararse ante su padre con la frente en alto y con el orgullo de haber no solo llenado las expectativas, sino superado las mismas… y con creces.

Siempre debemos contar con esa persona – viva o en el éter – que nos sirva de ariete para destrozar los obstáculos que se nos presenten en la vida; y como inspiración para ser cada día mejores personas.

De ninguna forma sugiero que mi padre fuera perfecto o que careciera de errores… nada mas lejos de ello.
Sin embargo el amor y entrega que siempre tuvo para con nosotros – mi madre y mi hermano – me inspiran a admirarle como lo que fue: un gran ser humano.

Muchas veces nos queremos tan poco, que es bueno recurrir a figuras que nos recuerden que no vinimos a este mundo para llenar un espacio, sino para hacer grandes cosas.
Con el y con mi familia sé que mi búsqueda de la excelencia me llevara a buen puerto.

Y a ti también, querido lector.

Autor: Yohel Amat