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domingo, 13 de septiembre de 2009

Hipócritas con nosotros mismos

interrogante

Un amigo me preguntaba porqué no construíamos ahora catedrales como las góticas famosas, y le dije: Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión. - Heinrich Heine

Un Domingo iba manejando cuando de repente me encuentro con un tranque vehicular en plena carretera.
Ello me llamó mucho la atención, ya que por la hora y el día el tráfico debería ser fluido.
Sin embargo el tranque era descomunal.

Con curiosidad me armé de paciencia y esperé a avanzar para darme cuenta de cual era la causa del percance.
Lo que esperaba encontrarme era algún accidente que estuviera obstruyendo el paso.

Sin embargo el motivo de la demora era otro: en la intersección adelante habían varios policías de tránsito.
Lo que sucedía era que los conductores al ver a los policías cambiaban su estilo de manejar y querían ser “más papistas que el Papa”.
Por ello bajaban la velocidad a niveles exasperantes, esperando con ello no llamar la atención de la autoridad, y no convertirse en candidatos a una multa.

Por supuesto que más adelante – cuando ya los policías no los podían ver - volvían a su desenfreno normal y a violar todas las normas de velocidad y de tránsito que pudieran.

Es interesante notar ésta conducta tan humana, de actuar de una forma cuando hay quién nos vea; y de otra cuando estamos solos o sin vigilancia.

El problema no sería tan grave – aunque lo es – si se circunscribiera al manejo.
Lo más grave del asunto es que muchas veces todos los aspectos de nuestra vida los manejamos de la misma forma.

Tendemos a trabajar con ahínco y tesón cuando el jefe nos está vigilando; pero en cuanto desaparece empezamos a perder el tiempo y a tontear.
En los estudios, escribimos como frenéticos cuando el profesor nos está viendo, sin embargo en cuanto voltea empezamos a relajear y a perder el tiempo.

Es vital que las cosas importantes de la vida – en el manejo nos estamos jugando la vida; en el trabajo nos ganamos la vida y labramos nuestro futuro; en el estudio nos formamos como personas y nos preparamos para un trabajo o emprendimiento - las tomemos con la seriedad que ameritan y comprendamos que no le estamos haciendo un favor a nadie al actuar responsablemente, ya que el bien es para nosotros mismos y no para la autoridad que nos supervisa.

La diferencia entre el exitoso y responsable; y el mediocre e irresponsable es muy sutil: el segundo se engaña a sí mismo y es mezquino con su propio futuro y persona.

Cuando aprendamos a actuar de la misma forma, haya o no haya una autoridad presente, entonces veremos como nos empezaremos a sentir mejor con nosotros mismos; dejaremos de actuar como niños y comenzaremos a madurar.

Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos. - Albert Einstein

Autor: Yohel Amat

martes, 18 de agosto de 2009

El Beso de Judas

judar traidor

Entre las juguetonas sombras de la amistad, se esconde agazapado el frío puñal de la traición. Abre los ojos. - Anónimo

En esta ocasión vamos a elucubrar sobre una de las características mas despreciables que existen y que está hermanada con la hipocresía. Se trata de la traición.

La misma ha sido definida como “La violación de la fidelidad o lealtad que se debe.

Generalmente cuando prodigamos amistad, lo hacemos a cambio de nada, ya que el simple hecho de confiar en alguien es un bálsamo para el alma, ya que ello nos permite abrir nuestro corazón y compartir nuestras cuitas, siendo esta una de las mejores formas de superar los sinsabores de la vida diaria.

Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía. - Jean Jacques Rousseau

Cuesta trabajo concebir que deambulen por la vida personas de tan baja estirpe que estén dispuestas a dar caza a sus semejantes para despojarles de sus bienes; truncar sus vidas; abusar de su hospitalidad y amistad; y escapar como si nada a la búsqueda de su próxima víctima.

Son personajes encantadores que hablan con sabias palabras y que a todas luces aparentan tener un velo de sapiencia y de poder; mismo con el que atrapan a su víctima en las propias redes de su ingenuidad.

¿Necesidad? Palabra cómoda con que el culpable se quita de encima la culpa, para arrojar en el vacío toda soberbia y traición. - E. de Geibel

Sin embargo existe otro tipo de traidor, el cual es el mas peligroso de todos: el cobarde.

Generalmente este tipo de cobarde rehúye sus responsabilidades y se escuda en las necesidades diarias para abandonar a las personas que confiaron en él… sin importarle un comino las consecuencias que sus actos acarrearán en las vidas y empresas de dichas personas.
Sobre una variante de este tipo de cobarde / traidor hablamos en el artículo titulado “¿Se pueden Servir a dos Amos?” (http://yohelyav.blogspot.com/2009/08/se-puede-servir-dos-amos.html).

Ante cualquier apremio o exigencia por parte de su entorno corren a ponerse a resguardo y – como no lo haría una persona de honra – proceden a desaparecer de vista, sin importarle si sus allegados se afectan por ello o no.

Estos cobardes, casi siempre son unos inseguros y su aparente autosuficiencia y encanto no son mas que un velo detrás de el cual se oculta un niño horrorizado por los desafíos que conllevan la vida diaria y para los cuales no tiene ni el carácter ni la disposición para enfrentarlos.

Casi siempre el que traiciona a un amigo lo hace porque muy en el fondo solo piensa en sí mismo, y aunque esgrima argumentos que calmen su conciencia – incluyendo a su propia familia – en realidad lo único que le interesa es salvar su pellejo… aun a costa de la gente que lo estimó y ayudó.

Sólo nos damos cuenta de la traición y de la amistad cuando ambas se cruzan... Allí podemos distinguirlas y compararlas, sentirlas y despreciarlas. El corazón no siente si los ojos no ven; pues, mis ojos ya vieron. - CENCIC

Uno de los elementos claves al momento de realizar negocios; o de cualquier actividad que involucre dinero, es actuar bajo la premisa de que no toda persona con la que nos relacionamos necesariamente sea un amigo.

Un conocido es alguien con el que uno tiene trato y comunicación; mientras que un amigo es aquella persona con la cual tenemos dos cosas: afecto y confianza.

Un elemento importante a desarrollar dentro de nuestro arsenal de virtudes, es aquel que nos permita distinguir entre un amigo y un conocido, ya que de esa forma podremos evitar muchas situaciones devastadoras para nosotros.

Por otra parte debemos tener el cuidado de evitar que una de las consecuencias de las traiciones que experimentemos en nuestra vida, sea el hecho de envilecer nuestra alma por medio del resentimiento y el cinismo.

Debemos aprender a discernir entre las amistades verdaderas y las falsas; y a nunca bajar la guardia.
Sin embargo no debemos “blindar” nuestro corazón, buscando con ello evitar volver a pasar por el dolor de ver como la traición toca a nuestra puerta nuevamente.

Lo que en mi caso haré será aprender de las experiencias y asimilar en mi mente el horror de saber que por nuestro entorno pululan seres tan abyectos – cual modernos Judas del siglo XXI – que no dudarán en posar su traicionero ósculo sobre la mejilla de nuestra confianza.

La verdad, es el alma de los honestos, la mentira, la de los cobardes, la traición la de los miserables. - Anónimo

Autor: Yohel Amat

domingo, 16 de agosto de 2009

Alberto: Una lección de vida

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El alma noble nunca muere, más allá de su eternidad brillarán sus huellas". - Pedro Pantoja Santiago

Alberto es su nombre. Vestía de traje formal – pantalón azul oscuro; camisa blanca manga larga; corbata de igual tonalidad azul, ostentando un impecable nudo; saco oscuro algo raído en el área de los codos – y sus zapatos brillaban producto de los inclementes rayos del sol que se derramaban sobre ellos al igual que sobre toda su anatomía.

Alberto camina a duras penas ya que tiene parálisis cerebral y ello causa que su anatomía se desplace extrañamente a medida que lucha por dar el siguiente paso.

Parálisis Cerebral: éste término describe un grupo de trastornos del desarrollo psicomotor, que causan una limitación de la actividad del enfermo, atribuida a problemas en el desarrollo cerebral del feto o del niño.
Los desórdenes psicomotrices de la parálisis cerebral están a menudo acompañados de problemas sensitivos, cognitivos, de comunicación y percepción, y en algunas ocasiones, de trastornos del comportamiento.

Lo mas impresionante de Alberto es su sonrisa: todo el tiempo su rostro – cual segundo astro rey – iluminaba toda la calle con una grande y sincera sonrisa, reflejando con ello sus pulcra y blanca dentadura.

Alberto se gana la vida literalmente con el sudor de su frente, ya que recoge dinero - en una improvisada alcancía – en la esquina de Plaza Edison con Tumba Muerto.

Lo primero que causaba extrañeza era determinar como era posible que Alberto soportara el sofocante sol – mientras los demás vamos en nuestros autos con aire acondicionado – durante todo el día, mientras deambulaba de arriba hacia abajo entre los carros, embutado en su traje. Siempre con una sonrisa.

Cada vez que le daba dinero, Alberto contestaba de la misma forma:

- “Muchas Gracias. ¡Que Dios le bendiga!” – decía a viva voz y expresando más felicidad todavía – si ello era posible – con su voz.

Tengo que confesar que mi corazón se constreñía cada vez que Alberto me decía esto – a duras penas ya que le costaba mucho proferir una frase -, ya que tengo que confesar que muchas veces seguí mi camino con un solo pensamiento en mente; obsesionado por el mismo y tratando de dilucidar el misterio:

¿Cómo es posible que Alberto sonría, teniendo tantas cosas de las cuales lamentarse? ¿De donde sale tan sincera alegría, teniendo un cuerpo tan atormentado por la enfermedad y las penurias?

Tengo que confesarles que en un inicio no lo comprendía pero su mera presencia; esos encuentros casuales en esa esquina; eran como un bálsamo para mi alma, misma que normalmente se encontraba atribulada por los problemas y ávida de bálsamos que curen sus heridas.
Y todavía no entendía como Alberto alegraba la suya.

Mi amigo – me atreverá a llamarle así, aunque nunca pude intercambiar mas de cinco frases diferentes con él – súbitamente desapareció y ya no se le vio más en la esquina de marras.

Debo confesar, con pena, que me olvidé de él.
Motivos no me faltan para relegar muchas cosas y personas a lo más profundo de mi memoria, ya que la vorágine en la que estoy inmerso actualmente es más que suficiente para que mi atención se concentre en temas más “importantes” que en el de determinar que había sido de mi amigo.

Recientemente alguien me comentó – había cambiado de ruta y ya no utilizaba la de Plaza Edison – que Alberto estaba de nuevo en la esquina, pero que ahora había una trágica variante: estaba en silla de ruedas.

Aparentemente había alguien con él. Esa persona le ayudaba a empujar la silla de ruedas y de esa forma podía desplazarse entre los vehículos y pedir su sustento diario.

Sobre mi corazón cayó un frío velo negro – cual oscura y gélida niebla en medio de un lóbrego mar – el cual llenó mi alma de una tristeza indescriptible, fruto de pensar que ahora Alberto tenía que sumar a toda su colección de desventuras una más: no poder caminar.

Soy un lego en la materia, por lo que tengo que colegir que Alberto tiene una enfermedad degenerativa… que a larga acabará con su vida.

Ese día decidí pasar de nuevo por mi antigua esquina con todo el deseo de saber de Alberto.
Efectivamente allí estaba: radiante; feliz; intensamente vivo.

Apresuré la marcha hasta que pude detenerme y bajando el vidrio le llamé.
Nunca he sabido si Alberto entiende lo que le digo o si logra recordarme. Eso no importa.
Lo importante para mí era que – aunque fuera por segundos – Alberto supiera que este mundo no era tan mezquino y que sí habíamos personas que nos interesábamos en él.

Cuando reparó en mi, su sonrisa fue mas amplia.
Una niña - ¿Su hermana? – sostenía con una mano un paraguas para guarecerse del intenso sol y con la otra sostenía la silla de ruedas.

Esta vez Alberto ya no iba vestido de traje formal, sino que vestía jeans, suéter deportivo y una gorra con un motivo de un equipo local de beisbol.
Lo que no había cambiado era la intensidad de su presencia y la felicidad que irradiaba con su eterna sonrisa.

Intercambié unas palabras con él diciéndole cuanto le habíamos extrañado y – adicional a mi cooperación monetaria – le alargue un rollo casi intacto de pastillas de menta.
Su rostro se iluminó aún más – si ello fuera posible – y con la ayuda de la niña procedió a ponerse una en su boca.
Se le veía feliz.

Camino a casa – cual divina epifanía – súbitamente entendí todo: Alberto había encontrado la forma de elevarse por encima de sus desgracias y lastres y su alma vagaba sobre ellos a la espera de su liberación final.
Alberto era más feliz que yo.

En ese momento comprendí que lo que llamamos problemas – deudas, peleas, sinsabores, traiciones, vilezas, política, compromisos, carencias, etc. - eran triviales e insignificantes en comparación con todas las cosas que Alberto tenía en contra.

La mayoría de nosotros cuenta con sus dos piernas; con sus brazos; y con salud: todo lo demás es añadidura.

Podemos hacer lo que queramos y si algo nos lo impide, Dios nos dio una mente para idear la manera de alcanzarlo.
Por muy avanzada que sea nuestra edad, podemos contar con que nuestro cuerpo nos responderá y nos obedecerá: aún con las limitantes que los años van sumando en él.

Contamos con medios para conseguir el sustento y podemos desplazarnos en un vehículo con aire acondicionado, mientras que otros semejantes tienen que sufrir los rigores del clima ya que no cuentan con los medios para hacer otra cosa.

Alberto no medita en ello, ya que de otra forma su mente quizás no soportaría la perspectiva de que su vida se iba apagando poco poco, siendo su cuerpo el reflejo evidente del abominable proceso.
Alberto había aprendido a relegar dicha cruel realidad a lo más profundo de su ser y se había concentrado en hacer lo que tenía que hacer: VIVIR.

Alberto aprovechaba cada día de su vida con actitud ganadora y triunfante, ya que en realidad para él cada día es una lucha contra la enfermedad; las carencias; y la muerte.
Había sacado de su corazón todo el horror de su realidad y había llenado ese espacio con amor hacia Dios y hacia sus semejantes.

Por medio de sus trajes, Alberto quería indicarle a todos que su dignidad estaba intacta y que respetaba tanto a la vida, que diariamente quería vestir sus mejores galas para lidiar con ella.

En ese momento me sentí tan mal conmigo mismo por todas las veces que en esa semana había despotricado; por todas las veces que me había sentido desfallecer a causa del peso de la inmensa loza de problemas que tenía que soportar; por la veces que levanté mi vista hacia los cielos para preguntar “¿Porqué no me ayudas, Señor? ¿Porque me cierras las puertas?”.

Comprendí que Dios no me había cerrado ninguna puerta; simplemente esa no era la puerta que me convenía, pero en ese momento no lo comprendí.
Me di cuenta que el Señor está con todos nosotros y que algunos tenemos el privilegio de tener mucho, sin siquiera ser conscientes de ello.

Alberto no tiene idea de como su actitud toca corazones y cambia paradigmas con el solo hecho de regalarnos su presencia hasta el día que la parca venga por él.

Mientras tanto seguiré tratando de disfrutar de la presencia de éste pequeño ángel enviado por Dios como un recordatorio de la levedad de nuestra vida y de lo maravillosa que es tal y como es.

Intentaré hacer mejor uso de lo que tengo y de mis talentos, de manera que esa sea mi manera de agradecerle a Dios por lo que tengo y de demostrarle a Alberto que yo también puedo elevarme sobre las calamidades y problemas.

Por supuesto, nunca podré superar al maestro.

Autor: Yohel Amat

miércoles, 5 de agosto de 2009

¿Se puede servir a dos amos?

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Si no existe la organización, las ideas, después del primer momento de impulso, van perdiendo eficacia. - Ernesto "Che" Guevara

En el transcurso de mi vida he tenido la oportunidad de conocer gente sumamente talentosa.
Personas con tal grado de conocimiento que realmente me avergonzaba mi grado de inteligencia comparado con el de ellos.

A primera vista uno supondría que dichas personas serían exitosas en sus carreras y vidas personales.
Sin embargo en muchos casos me equivoqué.

Muchas de estas personas - aún teniendo todo el conocimiento necesario para triunfar - se hunden en la pobreza y en la mediocridad sin que a simple vista se pueda entender el porqué de dicha insólita circunstancia.

Generalmente el problema de estos sapientes – y de paso de cualquiera de nosotros – se reduce a tres cosas:

  • Falta de organización;
  • Falta de enfoque;
  • Incapacidad para establecer prioridades.

Veamos el ejemplo de uno de estos eruditos que vivía en provincias y que se desplazó hasta la capital del país a buscar fortuna.

La oportunidad le sonríe y rápidamente consigue clientes para sus servicios y con varios de ellos realiza contratos.
Definitivamente que no llena todavía sus expectativas de ingresos, pero el futuro se ve prometedor.

Sin embargo por una misteriosa razón desaparecía del panorama, mientras que sus clientes y prospectos le llamaban y buscaban para que les atendiera.

¿Que era lo que estaba sucediendo?

Falta de Organización

El individuo de nuestro ejemplo era incapaz de organizar sus tareas y por ello desechaba lo importante para concentrarse en lo urgente.

En este caso sus ausencias se debían a que se iba para su provincia a atender sus antiguos clientes -mismos que en el mejor de los casos le daban ingresos de tres cifras – bajo la excusa de que necesitaba dinero para las necesidades de su familia.

Si esa persona hubiese tenido la mas mínima noción de lo que es organización hubiera podido llamar a todos sus clientes y prospectos para armar una agenda que le permitiera viajar al interior del país; cumplir con sus clientes; y luego regresar a la capital y cumplir con los nuevos; o a cerrar nuevos tratos.
Todo era cuestión de organizarse y su familia sería la más beneficiada.

Sin embargo nuestro mancebo prefería desaparecer de la escena; apagar su celular por días; para luego presentarse una semana después con algún tipo de excusa para justificar su ausencia.

De más está mencionar que a la larga perdió toda credibilidad y oportunidad de levantar una estructura de ingresos nueva en la capital.
Todo se vino abajo.

Falta de Enfoque

Si nuestro amigo hubiera estado consciente de sus limitaciones organizacionales, hubiera tenido dos caminos: o trataba de aprender a desarrollar una agenda de trabajo que le permitiera atender a todos sus clientes y prospectos puntualmente; o podía disminuir la cantidad de nuevos compromisos para poder hacer el intento de cumplir con todos.
Lastimosamente no optó por ninguna de las dos.

Siguió intentando conseguir nuevos negocios como si el mundo se fuera a acabar, y sin ninguna posibilidad de poder hacer honor a los nuevos compromisos, ya que no cambió un ápice en su sistema de trabajo: seguían dándose las “desapariciones”.

Es importante estar consciente de nuestras limitaciones y de estar alerta de cuando – con nuestra actual estructura de trabajo – ya no podemos atender a todos nuestros consumidores.

Lo lógico en estos casos es hacer los cambios necesarios para seguir atendiendo a mas clientes, ya que en eso estriba el objetivo de toda empresa: la captación constante de nuevos clientes.

Sin embargo nuestro amigo no sabía enfocarse en varios objetivos al mismo tiempo y por ello toda su atención se concentraba en uno solo… mientras que a su alrededor sus otros clientes clamaban por atención.

Incapacidad para establecer prioridades

Por insólito que parezca muchas veces nuestro amigo del ejemplo le daba prioridad a un negocio de $100.00 – para resolver lo urgente – y con ello despreciaba un negocio de $1,500.00 – que era lo importante.

En los negocios es vital priorizar y aprender a atender lo importante de manera que no nos encontremos en una constante vorágine de cosas urgentes, las cuales consumirán todo nuestro tiempo y nos impedirán actuar con planeación y suficiente tiempo.

En la medida que descuidemos las cosas importantes, con el tiempo las mismas se convertirán en urgentes; hasta que llega un momento que se convierten en grandes colosos con los cuales hay que lidiar… cuando pudimos haberlos resuelto en su etapa inicial.

Conclusiones

Nuestros compradores son nuestros amos y el elemento más importante de nuestro negocio.
Los mejores servidores serán – por consecuencia - las empresas con más éxito.

¿Se pueden servir a dos amos? A dos y a todos los que se requieran, ya que el objetivo de toda actividad comercial es el aumento constante de los ingresos.

Con la adecuada visión y organización, nuestro amigo estuviera en estos momentos atendiendo a todos sus clientes y además estaría captando nuevos consumidores de sus servicios.
Inclusive, ya quizás tendría un ayudante que le asistiera en sus tareas. Estaríamos siendo testigos del nacimiento de una incipiente compañía.

Sin embargo dejemos a nuestro amigo en la terminal de buses… tiene cosas urgentes que atender.

Autor: Yohel Amat

jueves, 23 de julio de 2009

Volvamos a ser como niños



Los niños no tienen pasado ni futuro, por eso gozan del presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros. - Jean de la Bruyere

Muchas veces en la vida nos encontramos en situaciones difíciles, las cuales nos agobian y nublan nuestra visión del futuro.
En esos momentos la mayoría optan por entregarse a la desesperanza y abandonan toda fe en que las cosas vayan a mejorar.

Los duros avatares de la vida muchas veces “endurecen” nuestro corazón y nos hace cínicos y sarcásticos.
Abandonamos todos nuestros sueños y empezamos a creer que la vida es buena con los afortunados, y despiadada con los que no nacimos con suerte.

Todos nacemos con la chispa del genio en nosotros. TODOS.


Todos somos Hijos de Dios y nacemos con todo el equipo necesario para lograr todas las metas que nos propongamos y para desarrollar y aprovechar al máximo todos los talentos que Dios nos dio.

Cuando somos niños, para nuestra mente e imaginación no hay límites: todo es posible.

¿Qué si Santa Claus baja por una chimenea a traerle regalos para Navidad? ¡Claro que sí!
¿Qué si cuando crezca quiere ser astronauta? (“¿Cuáles son las probabilidades? ¡Pobre niño iluso!” – dirían los cínicos) ¡Claro que sí!
¿Qué si va a tener ese auto fantástico que vio en la televisión cuando sea grande? ¡Claro que sí!

Para nuestra mente infantil NO HAY LIMITES. TODO ES POSIBLE.

¿Qué si es muy alegre? ¿Qué si se emociona con nada? ¿Qué si cree en imposibles? ¿Qué si se preocupa por los demás? ¿Qué si cree en las personas? ¿Qué si cree en la amistad? ¿Qué si cree en lo bueno y lo malo? ¿Qué si tiene temor de Dios? Por supuesto que si.

En mi caso, mi reencuentro con mi niñez y juventud vino en forma de una vieja amistad de mis tiempos de colegio. Uno de los mejores amigos que he tenido en toda mi vida.

Me contactó un día por casualidades de la vida y la verdad es que ni su nombre ni su rostro me dijeron nada. Habían pasado mas de 27 años y mi mente estaba obnibulada por los problemas actuales.

Sin embargo ante la primera anécdota; ante el primer recuerdo; ante el primer chiste; vinieron a mi, en cascada incontenible, todos los recuerdos de nuestra juventud.

Recordé cuando éramos jóvenes e inocentes. Veíamos la vida como algo brillante y de colores vividos. La fuente de la vida para nosotros era inagotable y pensábamos que nunca se acabaría.
Estábamos llenos de planes para cada uno de nuestros futuros y disfrutábamos de cada día como si fuera el único.
Sosteníamos largas pláticas donde “diseccionábamos” la vida para descubrir todos sus secretos, ya que la curiosidad del joven es algo innato en él.

Carecíamos de deudas y los problemas que teníamos en nuestra etapa púber ahora, con el paso del tiempo, se ven insignificantes versus los actuales.

Nada era imposible y todo era probable. Contábamos con grandes sueños y nunca nos pusimos límites para lo que podíamos ser en la vida. Teníamos toda el futuro por delante.

Por supuesto, que por lo menos en mi caso carecía de planes concretos para alcanzar mis sueños, pero sobre ese tema hablaré en otras columnas.

¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad. - Simone de Beauvoir

La gran ventaja de que volvamos a ser niños es que con ello nos liberamos de gran parte del lastre que agobia nuestro crecimiento y limita nuestro futuro.
Cuando volvemos a ver la vida como niños podemos entonces reunir las fuerzas necesarias para vencer nuestros gigantes… así solo contemos con una honda y una piedra para ello.

Cuando enfrentamos la vida con desaliento y con pesimismo, la batalla prácticamente está perdida y las probabilidades que logremos salir avante se limitarán en gran manera.

Por mi parte un encuentro con mi pasado - después de tantos año y bajo la forma de un viejo amigo - me ha servido para llenarme nuevamente de ánimo y para encarar con mayor vigor los grandes retos que tengo por delante.

He renovado mi sentimiento de que cada día de vida es un regalo de Dios, el cual viene con un crédito por 24 horas – igual para todos – para que yo disponga de ellas como me plazca.

Las podré gastar en llanto; las podré gastar en quejas; las podré gastar en inacción; las podré gastar en el laberinto de mi ignorancia; las podré gastar en medios para evadirme de la realidad; las podré tirar por el caño si así lo deseo. Nada me lo impide.
Sin embargo he preferido gastarlas en construir un futuro mejor para mi y para mi familia.

Afianzaré mi creencia en lo que expresé en anterior columna (“Tu pasado es tu escuela o es tu garrote”; http://yohelyav.blogspot.com/2009/07/tu-pasado-es-tu-escuela-o-es-tu-garrote.html) y aprenderé todo lo que pueda de lo bueno y lo malo en mi vida y pasado; y con ello recuperaré mi alma de niño.

Autor: Yohel Amat

lunes, 8 de junio de 2009

Las 48 Leyes del Poder: Ley No. 2 - Nunca confíe demasiado en sus amigos; aprenda a utilizar a sus enemigos



Tal y como lo definimos en la introducción de esta serie de 48 artículos - véase el enlace http://yohelyav.blogspot.com/2009/06/las-48-leyes-del-poder-el-inicio-de-una.html - el propósito es analizar en su totalidad "Las 48 leyes del Poder".

Hoy vamos a seguir con la Ley número 2.

Ley No. 2: Nunca confíe demasiado en sus amigos; aprenda a utilizar a sus enemigos

"Desconfíe de los amigos; suelen ser los primeros en traicionarlo, ya que caen fácilmente presa de la envidia. También suelen convertirse en irrespetuosos y tiranos.
En cambio, emplee a quien haya sido su enemigo, y le será más leal que un amigo, ya que deberá hacer mayores esfuerzos por demostrar su adhesión. Lo cierto es que usted debe temer más a sus amigos que a sus enemigos. Si no tiene enemigos, busque la forma de creárselos."

Esta ley es una extraordinaria paradoja a la cual a primer vista es difícil encontrarle sentido. Sin embargo contiene, un claro mensaje: No confíes en tus amigos (por lo menos en la mayoría).

Hace muchos años un gran amigo - y jefe en aquella época - me dijo una frase que se me ha quedado grabada en la mente, pero que a veces me es difícil de adoptar: "No confíes ni en tu padre".

Aunque esta frase - y aplica lo mismo a la ley que estamos descifrando - pareciera exagerada, el principio es el mismo: nunca confíes del todo en nadie. Por lo menos en la mayoría de los casos.

El principal motivo por el cual existe esta ley es por algo muy sencillo: La gran mayoría de nosotros no sabemos la diferencia entre "conocidos" y amigos.

Muchas veces nos pasa que confiamos ciegamente en la gente asumiendo que son nuestros amigos, para que a la larga descubramos que dichas personas buscaban otros intereses que no necesariamente eran altruistas. Y a veces los resultados fueron devastadores para nosotros.

Parece mentira, pero a mi me encanta confiar en las personas, pero el tiempo me ha enseñado a tratar de discernir entre "amigos" y entre "conocidos". Es vital para nuestro futuro aprender y desarrollar esta habilidad.

Los "conocidos" son personas que tenemos que tratar, ya sea por trabajo; o por costumbre, pero el hecho es que para ganarse el título de amigo deberíamos ser mas exigentes al respecto.

"Nada hay más peligroso que un amigo ignorante; es mejor un enemigo razonable." - Jean de la Fontaine

Cuando la ley se refiere a que nuestros amigos pueden convertirse en "irrespetuosos y tiranos", creo que se refiere a situaciones específicas que todos hemos vivido.

¿Cuantas veces has hecho o dichos cosas bajo la presión de un amigo para que actuaras de acuerdo a sus designios? ¿Cuantas veces hemos actuado aún bajo nuestro disgusto solo por no incomodar a una amistad?

Inclusive me atrevo a decir que nosotros mismos lo hemos hecho así con nuestras amistades. Todos lo hacemos.

Ello, en mi concepto, marchita en si el concepto primario de la amistad que es aceptar a tu amigo tal y como es.

Generalmente cuando alguien esta en posición de ayudar un amigo -a nivel laboral me refiero - ello es una fuente casi fija de problemas.
Ello es así porque algunos "amigos" piensan que por el hecho de usted estar en una posición de decisión usted está obligado a emplearles como primera opción sin siquiera medir si están capacitados para el puesto o si tan siquiera están sintonizados con la misión y la visión de la empresa o institución.

Este tipo de situaciones han sido causa de desprestigio de particulares y principalmente de políticos, ya que por poner a un lado las normas habituales de conducta con respecto a la contratación de personal o subordinados caen en la trampa de la "amistad".

Si pudiésemos entender que un amigo que exige ayuda no es en realidad nuestro amigo, entonces nos ahorraríamos muchos problemas.

Nunca caigamos bajo la tiranía de un seudo amigo que en realidad lo único que le interesa es que le devolvamos todo lo que el ha hecho por nosotros.

Hay otro punto importante de conflictos causados por la presión de ayudar a un amigo que exige de nosotros. Nos referimos al caso de prestarle dinero a una amistad.

Las probabilidades de que esto desemboque en problemas es grande, ya que si nuestro amigo no nos paga - por el motivo que sea - entonces ello enturbiará una amistad que probablemente era valiosa para ambos pero que por dinero se desmoronó.

¿Quieres perder una amistad? Préstale dinero. ¡Ah!, y recuerda que también vas a perder el dinero.

"¿Acaso no destruimos a nuestros enemigos cuando los hacemos amigos nuestros?" - Jhamirley E. Marin Correa

Con respecto a los enemigos bien reza el dicho que dice: "A los amigos hay que tenerlos cerca; y a los enemigos aún mas cerca".

En realidad al tener a nuestros enemigos bajo nuestra égida ganaremos en que lo tenemos cerca para vigilarle y para someterlo a la vez por su dependencia de nosotros.

Un enemigo lejano e invisible tiene toda la libertad para complotar contra nosotros y es por ello que debemos estar alerta a lo que los mismos hagan.

"Nunca aleje a sus enemigos si tiene la oportunidad de mantenerlos a la vista. Por supuesto que también aplica el principio de que debe, a nivel laboral, reunir el perfil adecuado. No cometa el error de nombrar a alguien solo porque es su enemigo."

Aunque este principio aparentara que aplica solo al mundo de la política o al laboral, si lo analizamos bien aplica en cualquier circunstancia.

Ahora sobre la última parte de la ley, creo que allí estoy totalmente de acuerdo; si usted no tiene enemigos, entonces es una de dos:

  • Usted CREE que no tiene enemigos, pero los tiene - grave situación que le pone a usted en una situación muy desventajosa;
  • Si usted realmente no tiene enemigos, entonces preocúpese: va por la vida sin dejar huellas y probablemente está viviendo en un mundo de mediocridad donde al usted ser como todos los demás, sin destacarse en ninguna forma, se le ha sido fácil no granjearse ni la envidia ni el odio de nadie.
Si me preguntan, no se cual de las dos es peor. Miento: la segunda es la peor de las dos.

Si carecemos de enemigos es porque hasta el momento usted ha pasado por la vida como un fantasma, sin llamar la atención de nadie y sin "pisar callos".
Es lo mas normal del mundo que al ocupar nuestro lugar en el mundo y al hacer uso de l¡os talentos que el Señor nos dio despertemos la animadversión de muchas personas de nuestro entorno, ya que muchas personas son como el cangrejo: no quieren que nadie salga del caldero, por lo que cuando alguien intenta salir tratan inmediatamente de halarlo de vuelta.

"La diferencia entre los cangrejos y nosotros es que tenemos el libre albedrío de decidir si nos dejamos halar o si salimos hacia un mundo de realizaciones donde el cielo es el límite. Usted decide."

En próximas entregas seguiremos con la ley No. 3.

Autor: Yohel Amat