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viernes, 18 de septiembre de 2009

El foráneo de la semana: “Los 7 hábitos de empresarios millonarios”

Autora: Diana Fontanez

Recientemente, invertí en una serie de 7 teleconferencias en la que 11 multimillonarios compartieron sus secretos del éxito. En este artículo te resumo estos hábitos para que los tengas presentes a la hora de hacer crecer tu negocio y ayudar a los demás.

Constantemente invierto en el conocimiento de otros. La mentalidad que tengo es la de que hay otras personas que están donde quiero estar y, para evitar errores y perder tiempo y dinero, mejor me voy a la segura invirtiendo en planes probados para lograr mis metas.

Es lo que vengo diciéndole a mis lectores desde que comencé mi negocio. Porque invirtiendo en otros, se llega a la cima más rápido.

Sin embargo, los expertos en Internet no quieren aceptar que invierten en otros o simplemente no invierten. Es como si una luz del cielo los hubiera iluminado con poderes, y ahora le dicen al mercado: “Soy Grande. Yo tengo el Conocimiento Divino. Invierte en Mí”. ¡Mentiras! Todo empresario exitoso invierte en el conocimiento de otros. Yo tengo mi coach y muy orgullosa que estoy porque me ha cambiado la vida.

Y con eso, en esta serie exclusiva y privada a la que atendí, 7 multimillonarios compartieron los hábitos que los han ayudado a estar donde están. ¿Cuáles de ellos estás aplicando en tu vida?

1. Resistencia a la Complacencia

(Complacencia = Satisfacción con uno mismo)

Mary Kay Ash decía que nunca debemos dormirnos en los laureles. Esto significa que el cambio es inevitable y que hay que estar constantemente cambiando para llenar las necesidades del mercado.

Igual pasa con tus servicios. Siempre tienes que estar mejorando para asegurarte de seguir creciendo en este competitivo campo. Y eso es lo que estoy haciendo. Detrás de las cortinas, estoy creando un Producto Estrella más avanzado y nuevos servicios de coaching grupal para llenar la necesidad más grande que tienen mis clientes potenciales.

2. Pensar Realmente en GRANDE

Los empresarios que generan un millón o más anuales son capaces de pensar en grande, concebir planes para generar grandes ingresos, y creen en esos planes y en sus habilidades para implementarlos.

¿En qué cosas grandes piensas? ¿Tienes un plan para lograrlo? ¿Tienes total FE de que lo puedes lograr? Mejor aún, ¿confías plenamente en tus habilidades para lograrlo y tienes la ayuda de alguien que te guíe hacia donde quieres llegar?

3. Extrema Confianza

Estas personas confían en ellas mismas y confían en que las cosas sucederán llueve, truene o relampaguee. Es como una Fe muy fuerte, la seguridad de que todo lo que hacen los llevará hacia la cima. No todo es perfecto. Se pierde también, pero esa confianza es la que los mantiene exitosos.

Si deseas alcanzar grandes metas, tienes que estar 100% confiado en tus habilidades. Total confianza. Caminar con los hombros en alto y marchar con fuerza y Fe de que todo sucederá. Esta actitud siempre la tuve aun cuando no podía ni comprarme un helado al comienzo.

4. Implementación

Las personas que generan un millón o más anuales hacen que las cosas sucedan. Constantemente, todo el tiempo, minuto por minuto, paso a paso, actividad por actividad.

Yo estoy tan segura de mí que me asombro. La que lees no es la misma Diana del pasado. Antes, por mi falta de implementación, perdí muchas oportunidades. Ahora marcho segura implementando día a día lo que tengo que hacer para que las cosas sucedan.

5. Atención a los detalles

Las personas que generan un millón o más anuales son buenas en la visión grande de su negocio y en fijarse en los detalles de las cosas.

Ok. Lo acepto. Soy fatal para los detalles, pero como sé que tengo que prestar atención, entonces delego en una persona que brille en los detalles. Inteligente, ¿verdad?.

6. Diferentes destrezas

También tienen conocimiento en diferentes destrezas. Atraer clientes, ventas, detalles, mercadeo y publicidad, entre otras cosas.

Igual hago en mi negocio. Abandoné la escuela a los 15 años, así que todo lo que sé es por leer, invertir y aplicar. Sé de todo un poco. Sé de lo que hablo, lo demuestro y el mercado me respeta por esto. Haz lo mismo. Aprende de todo un poco y nunca, nunca, nunca, dejes de leer, invertir e implementar.

7. Asociaciones Estratégicas

Las personas que generan un millón o más anuales son muy cuidadosas con las personas con las que se asocian. Le dan mucho interés y énfasis a dónde invierten sus horas.

Aquí me he convertido en una maestra. Es que tiene que ser así porque te conviertes en las personas con las que más tiempo pasas. Simple. Yo vengo de la pobreza y de amistades que eran una porquería y no me apoyaban (disculpa mi honestidad).

Las mandé a la porra y ahora solo me interesa asociarme estratégicamente con personas que están donde yo quiero estar o con personas positivas y ambiciosas que no aceptan excusas y hacen algo HOY para llegar a la cima.

Ahí lo tienes, mi amado cliente y fiel seguidor. Lo que veo en tus manos es PODER para acumular abundancia financiera para ti. Aplica en tu vida estos 7 hábitos y no te olvides de que el dinero es solo un vehículo para ayudar a los demás.

¡Por más clientes, más dinero y más libertad!.

Diana Fontanez
“La Reina del Mercadeo”
www.lareinadelmercadeo.com.

Diana Fontanez

Diana Fontanez, “La Reina del Mercadeo”, enseña a los coaches, consultores o empresarios que venden servicios a crear abundancia financiera atrayendo y vendiéndoles a sus clientes. Si necesitas más clientes, más ingresos, más tiempo libre y disfrutar de la libertad financiera, visita ahora www.lareinadelmercadeo.com para recibir más tips GRATIS. www.lareinadelmercadeo.com.

jueves, 20 de agosto de 2009

¿Alguna vez saldremos de la crisis?

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En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. - Albert Einstein

No se ustedes, pero desde que tengo conciencia vivimos en crisis.
Desde muy niño escucho de crisis políticas; crisis sociales; crisis económicas; crisis petrolera; crisis existenciales; etc.

Hay una definición de la palabra “crisis” que me encanta porque dentro de ella subyace una gran verdad:

CRISIS: Cambio importante en el desarrollo de un proceso que da lugar a una inestabilidad.

El proceso de una crisis consta generalmente de tres elementos: inestabilidad, cambio e incertidumbre.

Cambio

En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra. – Eugenio Trias

Los procesos sociales y la historia del ser humano se dan en ciclos que en algunas ocasiones son buenos y en otras malos, en el contexto del efecto que causan en la masa de las personas que viven bajo su égida.

Los cambios siempre son incómodos y para muchas personas indeseables.
¿Que porcentaje acepta de buen talante que le cambien su sillón favorito por otro nuevo? ¿Quienes aceptan cambiar de restaurante para probar otros sabores y texturas? ¿Que persona acepta que le cambien de puesto de trabajo para que se ocupe de otras actividades dentro de la empresa?
Estamos seguros que el porcentaje sería muy bajo.

Podríamos comparar los cambios con las mudanzas: ambos son odiosos.
Tener que efectuar alteraciones en nuestra vida o experimentar los que la sociedad y la economía ejercen sobre nosotros, casi siempre causarán una sensación de irritación que nos hará al inicio resistirnos al nuevo escenario.

Sin embargo deberemos ser conscientes de que los cambios casi siempre son la señal visible de la muerte de un ciclo y del inicio de otro.

Inestabilidad

Toda crisis es un riesgo y una oportunidad. - Anónimo

Si hay una cosa que la mayoría de las personas amamos es la estabilidad, ya que la misma nos hace sentirnos en control de las situaciones de nuestra vida… y no hay nada que amemos más que el control.

Somos maniáticos del control y nos encanta manipular a las personas y decidir sobre los demás, ya que con ello aumentamos nuestra autoestima e inflamos nuestro ego: seremos los amos de nuestro dominio y dueños de vidas y haciendas… o al menos eso quisiéramos.

Así mismo nos encanta saber que todo a nuestro alrededor se da en la misma forma que siempre ha sido y que no existe ningún elemento sorpresa en nuestra vida, ya que generalmente las “sorpresas” – exceptuando las de nuestro cumpleaños y fiestas de diciembre – son desagradables e implican incomodidades.

Sin embargo – y como dice la famosa frase – lo único estable en nuestro mundo es la inestabilidad, ya que el mismo estará siempre en constante cambio.
La regla universal es que del caos nacen los nuevos sistemas.

Incertidumbre

Si las cosas sucedieran como deseamos, el mundo sería muy hermoso o un verdadero caos, porque debes recordar: No todos deseamos las mismas cosas. - Anónimo

Otro elemento que es uno de los primeros en ser sacrificado al inicio de una crisis es la certeza: el hecho de que las cosas que dábamos por hecho ya no se darán, sino que ahora su comportamiento o presencia estarán en entredicho.
A causa de ello nos veremos en brazos de la incertidumbre, una de las deidades mas temidas por los seres humanos.
No hay horror mas grande para el grueso de las personas que el hecho de no saber que va a pasar.

Si usted lee cualquier periódico; revista; o si usted ve o escucha cualquier noticiero se dará cuenta de cuantos elementos inciertos pululan a nuestro alrededor, causando con ello temor y desazón al no poder controlar los acontecimientos de acuerdo a nuestro parecer.

Los Paradigmas

Hay varias cosas importantes a acotar, pero una de las principales es el convencernos de que las crisis siempre existirán.

Si basamos nuestra felicidad en la esperanza de que en algún momento todos los planetas se alinearán de manera que todas las cosas salgan bien, entonces nunca seremos felices.

En el fondo lo importante no es cual sea la realidad en nuestro entorno, sino que creamos nosotros al respecto.
He allí la importancia de nuestros paradigmas.

Nuestros paradigmas nos indican como reaccionar ante las situaciones y deciden cuales serán nuestros sentimientos y comportamientos en un momento dado.

Para ilustrar el tema usaré una anécdota: en una ocasión en una fiesta había una persona que se comportaba de forma inaceptable, ya que bebió en exceso casi hasta la inconsciencia, no sin antes haber hecho toda clase de desmanes y hechos bochornosos.

Durante varias horas tuvimos que soportar sus impertinencias y su tono de voz alto y escandaloso.
Además de eso la persona devolvió el estómago prácticamente delante de nosotros, con el correspondiente disgusto y desagrado de todos los presentes.
En un momento dado, todos en la reunión deseábamos que desapareciera para que dejara de arruinarnos la fiesta.

Al comentar al respecto con el organizador del ágape y hacerle la observación de cómo era posible que permitiera tal comportamiento en su casa, me hizo saber que la persona de marras hacía un mes que había perdido a su esposa a resultas de una penosa enfermedad que acabó con su vida en menos de tres semanas.

Dicha persona no había podido asumir la pérdida y por ello no sabía cómo enfrentar tamaña situación.
De allí su comportamiento errático y suicida.

A partir de dicho conocimiento mi actitud cambió: lo que veía ante mí ya no era un borracho impertinente; sino un ser humano profundamente herido y confundido con un inmenso vacío en su corazón, el cual trataba de llenar con alcohol y caos.
Ahora simpatizaba con él.

Este hecho real muestra dos cosas: nuestros paradigmas deciden como reaccionamos ante nuestro entorno y como lo interpretamos; y en segundo lugar que lo que modifica los mismos es la información.

En realidad, todas las cosas, todos los acontecimientos, para quien sabe leerlos con profundidad, encierran un mensaje que, en definitiva, remite a Dios. - Juan Pablo II


Conclusiones

Las crisis no están bajo nuestro control y el caos es una constante a lo largo de toda la historia de nuestro inmenso planeta azul, por lo que despotricar al respecto es un gasto innecesario de energía.

Debemos estar conscientes de que en medio de las crisis hay personas que se hacen millonarias; personas que son felices; personas que conocen el amor verdadero; personas que están planificando nuevas formas de hacer las cosas; personas que están trabajando para mejorar nuestras vidas; mientras que otros están lamentándose; despotricando; llorando; entregándose a la desesperanza; y peor aún: dándose por vencidos.

Si modificamos nuestros paradigmas – por medio de la información adecuada – empezaremos a ver a nuestro alrededor todas las oportunidades que nos aguardan; mismas que anteriormente estaban veladas para nosotros como producto de nuestra anterior ceguera.

Aprendamos que nunca las cosas estarán totalmente a nuestro favor y que ante los vientos desfavorables, lo más inteligente no es esperar a que el mismo cambie de dirección; sino cambiar el sentido de nuestras velas para aprovechar la fuerza innata en él.
Con ello podremos entonces seguir avanzando al tornar la fiera brisa en contra, en calmo céfiro benéfico para nuestro viaje.

La catástrofe que tanto te preocupa, a menudo resulta ser menos horrible en la realidad, de lo que fue en tu imaginación.
Wayne W. Dyer

Autor: Yohel Amat

lunes, 17 de agosto de 2009

El hombre que armaba abanicos

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En esta vida algunos hombres nacen mediocres, otros logran mediocridad y a otros la mediocridad les cae encima. - Joseph Heller

En una ocasión en la oficina de mi esposa se dañó un abanico que utilizaban en una oficina donde todavía no habían instalado el aire acondicionado, ya que se acababan de mudar.

Como estábamos en pleno verano, decidí acompañarla a la salida para dirigirnos a un almacén de la localidad y comprar un abanico nuevo.

Al entrar al mismo tuvimos que subir las escaleras ya que el departamento pertinente se encontraba en la segunda planta.

En ese momento reparé en un hombre que en ese momento se encontraba totalmente ensimismado en una tarea que a simple vista parecía su única obsesión: estaba armando abanicos.

Los mismos llegaban en cajetas – totalmente desarmados – y aparentemente el trabajo de este hombre era armarlos para después colocarlos en exhibición para su venta.

El hombre era alto; de complexión gruesa; su rostro reflejaba simpatía y daba un aire de placidez.
Su ropa era sencilla y utilizaba unos zapatos de cuero algo raidos en la punta, pero dignos.
Todo en él rezumaba sencillez.

Me dirigí hacia él y le comenté que estaba interesado en comprar uno de los abanicos.
Para mi sorpresa el hombre me sonrió – algo muy raro entre los vendedores que me encuentro últimamente – y con mucho gusto comenzó a explicarme las bondades de los diferentes modelos.

Por la forma como me atendió pude reparar en que el hombre conocía las artes de la venta y su trato con el público era impecable.

A los 5 minutos ya había elegido el modelo más adecuado para nuestras necesidades y agradeciéndole las atenciones me despedí del hombre que armaba abanicos.
Por supuesto, lo último que vi de él – mientras bajaba las escaleras – fue como abría otra caja y procedía a desparramar las piezas de su siguiente obra maestra.

Pasó mas de un año y en casa se nos dañó el abanico que usamos en la sala.
Fuimos a un centro comercial que nos queda cerca de casa y para nuestra decepción los abanicos disponibles todos eran o de mala calidad o caros.
O peor aún: malos y caros.

Siendo así al día siguiente decidí buscar a mi esposa a la salida de su trabajo y nuevamente decidimos ir al mismo almacén de la ocasión anterior a buscar un buen abanico, tal y como había resultado ser el comprado un año antes.

Para mi sorpresa, al dirigirnos al segundo piso casi tuve la sensación de que el tiempo no había pasado: el hombre que armaba abanicos seguía haciendo exactamente lo mismo.

Aparentemente él no me recordaba, pero por algún extraño efecto de las circunstancias, al verlo en la misma actividad de hace un año recordé todos los detalles de la última compra y reparé en que todo estaba exactamente igual.

Mientras iba camino a casa mi mente trituraba y trituraba una y otra vez los sucesos que acababa de vivir y de repente caí en cuenta en algo: yo también había armado abanicos por 14 años.

No cambies. Evoluciona. – Anónimo

Durante 14 años trabajé en una empresa y durante dicho tiempo me dediqué en cuerpo y alma a cumplir con mi trabajo, creyendo que con ello estaba actuando de buena manera.

Al inicio de mi periplo todas mis actividades eran novedosas y fascinantes.
El cielo era el límite.

Me entregaba con entusiasmo a mis actividades y estaba ávido de aprender cosas nuevas y demostrar que sí podían contar conmigo aunque no tuviera el conocimiento necesario en ese momento.

Gradualmente mi entusiasmo fue muriendo producto de las circunstancias de cambio en la compañía y de mi falta de adaptación ante el nuevo ambiente de trabajo.

En ese momento deposité toda mi frustración sobre la compañía, como forma de expresar mi resentimiento ante su falta de humanidad por los cambios realizados.

En ese momento no supe asimilar que las circunstancias a mi alrededor no dependían para nada de mí, por lo que nada ganaba con “castigar” a la compañía en la forma de despreciar olímpicamente todas las nuevas reglas.
Me consideraba un moderno Gandhi: protestaba de forma pacífica y silenciosa.
Y peor aún: nadie se daba cuenta o a nadie le importaba. En especial a la compañía.

Mi método de exteriorizar mi reproche era el de circunscribirme a hacer mi trabajo, sin esperar nada más: iba totalmente a la deriva, braseando apenas para no ahogarme.

Cualquier oportunidad de promoción era automáticamente desechada por mí y me limitaba a encerrarme en mi “concha”.
Pero eso sí: armaba mis abanicos con eficiencia y esmero… pero que no se les ocurriera pedirme más.

Nunca saqué de mi bolsillo para pagarme un entrenamiento, ya que consideraba que la compañía era la que tenía la responsabilidad de pagar por mi capacitación… como si el beneficio fuera sólo para ella.

La única vez que intenté pagar por un curso la compañía me envió a mitad del mismo fuera del país por quince días.
Al regresar del viaje sólo traía 5 libras más de sobrepeso y una total amnesia con respecto a mis antiguas ansias de pagarme mi propio entrenamiento.

Después de 14 años la compañía decidió un buen día prescindir de mis servicios por “reducción de personal”: se estaban adaptando a la crisis de turno.

Cuando estuve en la calle me di cuenta de que a ninguna compañía le interesan los hombres que arman abanicos, y menos los que lo hicieron – como en mi caso – por catorce años.

Fue en ese momento en el que me di cuenta de que no tenía catorce años de experiencia: lo que tenía era un año de trabajo repetido catorce veces.

Durante esos catorce años hice las mismas cosas una y otra vez; durante esos catorce años me concentré en hacer bien mi trabajo… pero nunca evolucioné.

Durante catorce años esperé que la empresa invirtiera en mi, mientras que la persona mas beneficiada se negaba a gastar un solo centavo en su propia evolución.

Sin embargo cada día de mi vida le doy gracias a Dios por haberme llevado por la ruta del despido hacia el destino del autodescubrimiento.

He descubierto que ahora soy mas sabio que como nunca lo fui durante esos catorce años; y ahora soy mas consciente de que entre mas gaste en mi mente; mas la misma llenará mis bolsillos.

Y no me refiero sólo al conocimiento “per se”, sino a una total redefinición de mis paradigmas, por lo que ahora la vida – a pesar de las tribulaciones y del precio que estoy pagando por mis pasadas acciones y omisiones – la veo mas brillante y a todo color: durante catorce años mi vida fue en blanco y negro.

Ahora la certeza a desaparecido de mi vida y para mí en cada día contiene sorpresas de todo tipo, las cuales le dan un sabor exótico y emocionante a mi vida, antes desconocido.

Nunca más seré esclavo de una compañía y ahora aspiro a más: yo pondré mis propias condiciones y seré lo suficientemente humilde para reconocer las oportunidades; y para aprender de los maestros que diariamente tenemos a nuestro alrededor, pero en los cuales nunca antes había reparado por encontrarse mi vista cegada por la venda de la mediocridad y la rutina.

Haré lo que tenga que hacer para poder alcanzar mis sueños y si ello implica volver a trabajar gustosamente lo haré con la plena seguridad de que ello sólo constituye un escalón mas en la consecución de mis nuevos sueños.

Nuevamente recuperé esa ansia de aprender y sé que para ser algo más que un armador de abanicos, tengo que prepararme y tener el carácter necesario para no derrumbarme bajo el gigantesco peso de mis nuevas circunstancias.

Por ahora, sólo me queda pensar en el hombre que armaba abanicos en el almacén que acabo de abandonar y sólo deseo que el mismo no demore catorce años – como sucedió conmigo – para darse cuente de que la vida es algo más que armar abanicos.

Aunque seas el mejor en ello.

Autor: Yohel Amat

viernes, 14 de agosto de 2009

La colosal gigantez de las mentes pequeñas

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La única profesión para la que no se necesita preparación, es la de idiota; para lo demás hay que estudiar. – Anónimo

Nuestro hombre iba por la carretera manejando. Su esposa le acompañaba.
Todos los días utilizaba ese paso montañoso para regresar a casa.

Un vehículo color blanco iba delante de él a velocidad normal.
Súbitamente dicho carro se encontró con tres individuos caminando uno al lado del otro, prácticamente ocupando todo el espacio de los dos únicos carriles de la carretera.

Sólo había un pequeño espacio en el centro – uno de los marchantes estaba a la derecha y los otros dos a la izquierda – en el cual apenas cabía un carro.

Curiosamente el segundo caminante – de izquierda a derecha – empujaba una carretilla sobre la cual llevaba unos sacos de cemento y un balde muy grande, aparentemente lleno de arena.

El vehículo blanco pasó en medio del grupo y continuó su camino.

Nuestro conductor vio como que el hombre de la carretilla hacia el amago de dirigirse hacia la derecha.
El conductor asumió que quería cruzar hasta llegar al borde de la carretera.

Viendo la situación prefirió detenerse completamente para que el mismo pudiera desalojar la carretera y seguir su camino.

Los tres caminantes le vieron con extrañeza. No comprendían lo que estaba sucediendo.
Para sus pequeñas y sórdidas mentes la amabilidad y la cortesía eran elementos tan exóticos como haberse tropezado con un grupo de pingüinos caminando por su carretera.

Su vida había sido tan mezquina y tan miserable que sus mentes y corazones se encontraban encallecidos por los muchos golpes que toda su vida habían recibido.

Siendo así, ellos asumieron que el conductor se había detenido para retarles; no para ayudarles a despejar la carretera; prevenir un accidente; y preservar sus vidas.

Viendo que nadie se movía y que el área era insegura, el conductor – empezando a ponerse nervioso – prefirió acelerar y pasar suavemente entre el grupo, como unos segundos antes lo había hecho el vehículo blanco.

Cuando ya estaba terminando de rebasar al grupo sintió un golpe en su carro y fijándose por el retrovisor pudo ver como el hombre había perdido el equilibrio de la carretilla y en ese momento se disponía a agacharse a recoger todo su contenido, el cual se había desparramado por la carretera.

Por increíble que pareciera, el hombre había estrellado la carretilla contra el auto del conductor para pegarle y producto del impacto había perdido el equilibrio de la misma.

El conductor vio todo y prefirió seguir de largo.

Mientras continuaba su camino iba preguntándose a sí mismo:

- “¿Que es lo que le pasa a estos tipos?”


La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia. - Amos Bronson Alcott

En muchas ocasiones a lo largo de nuestras vidas nos hemos tropezado con personas cuyas actitudes y comportamientos son incomprensibles para el grueso de los mortales a su alrededor.

Son personas maleducadas; cínicas; mezquinas; carentes de urbanidad y respeto; y con un odio profundo hacia todo y hacia todos.

Son seres miserables a los cuales la vida les ha deparado una serie de infortunios desde el momento en que nacieron y para los cuales no existe en lo absoluto la esperanza. No la conocen.

Desde muy tierna edad los mismos recibieron el maltrato por parte de sus padres; o en algunos otros casos algo que a veces es mucho peor y más cruel: su indiferencia.

Crecieron como animales salvajes sin ningún tipo de orden ni disciplina, y por ello han enquistado en sus pequeñas mentes el concepto de que la sociedad en su totalidad les debe a ellos, ya que nunca tuvieron nada.

Difícilmente este tipo de personas son conscientes de que el destino de sus vidas – aunque difíciles – está en sus manos y de que la única forma de salir de su hueco es por medio del propio esfuerzo.

Constantemente buscan un culpable para explicar sus desventuras, y los villanos de turno casi siempre son los mismos: el gobierno; sus padres; Dios; etc.
Todo el mundo tiene la culpa de su miserable vida menos ellos.

Lo peor de la ignorancia es que a medida que se prolonga, adquiere confianza. - Anónimo

Están acostumbrados a que todo se lo den y por el contrario ellos nunca prodigan nada a nadie.
La única persona que les interesa es – al igual que la canción del difunto Michael Jackson – el hombre en el espejo.
Como su entorno ha sido tan duro con ellos, encuentran en el narcisismo y en el nihilismo un escudo protector para que su medio no repare en todas las heridas que su alma ostenta.

Algunas personas comparan este tipo de individuos con “pequeños niños heridos” que deambulan por doquier tratando de sobrevivir y sin ninguna esperanza de mejorar sus vidas, sabiendo que sus heridas supurarán por el resto de su vida… sin que ellos nada puedan hacer.

El único elemento que puede liberar a dichas almas en pena es uno solo: la educación; el conocimiento; la verdad.
Si a ellos llegara la información certera que necesitan, en muchos de los casos podrían entonces desechar esa parte animal predominante y comenzar a desarrollarse a sí mismos con plena conciencia de que ningún gobierno ni persona los va a salvar.
En sus propias manos está su salvación.

El hombre de nuestro ejemplo al retirarse iba fantaseando con bajarse de su automóvil; sacar un revolver; hacer un disparo al aire y luego obligar al malandrín a arrodillarse para que le pidiera perdón por el golpe.
¿Le culparía usted?

Sin embargo si meditamos en lo planteado se dará usted cuenta de que este tipo de seres en realidad son dignos de lástima ya que son tristes almas áridas carentes de afecto, cariño y educación.
Lo único que nos queda es desear que de alguna manera dichas mentes oscuras den cabida aunque sea a un rayo de luz, de manera que él mismo espante los horrores que allí subyacen y que le hacen vivir una vida de dolor e ira vengativa.

El conocimiento no es algo separado y que se baste a sí mismo, sino que está envuelto en el proceso por el cual la vida se sostiene y se desenvuelve. - John Dewey

Autor: Yohel Amat

martes, 11 de agosto de 2009

Autoayuda: ¿Realmente sirve de algo?

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No hay que confundir nunca el conocimiento con la sabiduría. El primero nos sirve para ganarnos la vida; la sabiduría nos ayuda a vivir. - Sorcha Carey

Sobre este tema los puristas y los intelectuales tienen una posición unificada: el material de autoayuda no sirve para nada.

Según esta rama del saber, la autoayuda es un arte inútil que engaña a los incautos y que prácticamente colocan al nivel de la superchería y de las artes adivinatorias.

Para decir esto, los intelectuales se basan en el escaso valor literario de la mayoría del material de autoayuda y de – según ellos – la poca ayuda real que brindan.
Sobre este punto podemos acotar que es cierto: muchos libros de autoayuda, al ser comparados entre sí, resultan ser redundantes; y el valor estético y artístico muchas veces es escaso.

Sin embargo somos del convencimiento que las personas que se expresan así generalmente lo hacen ya sea porque son víctimas de la arrogancia que a veces adorna a las personas que se consideran “cultas” ; o porque su cinismo ante cualquier cosa que vaya en contra de sus moldes mentales les impide ver el valor real que hay en otro tipo de literatura.

Muchas veces se pierde de vista que la industria de la autoayuda gira alrededor de lo práctico; de la eficacia.
De allí su escaso valor artístico, ya que se enfoca en un solo objetivo: ayudar a las personas a solucionar sus problemas y a ser proactivos.

El desprecio natural ante un libro que se titule “10 Cosas que usted puede hacer para salvar su matrimonio” pierde de vista una cosa: realmente PUEDE salvar su matrimonio seguir los consejos allí plasmados.

Por supuesto que lo más probable es que en dicho libro se encuentren redundancias u obviedades tales como “Paso No.1: Sea más cariñoso con su pareja”, para luego explicar que cosas hacer para lograr ese cometido.

Sin embargo muchas veces se pasa por alto que las obviedades son patentes, pero ello no quiere decir que estemos conscientes de ellas.
En otras palabras, muchas veces lo obvio no es evidente.

Podemos estar diariamente haciendo una acción refleja condicionada por años de aplicarla diariamente hasta que llega un momento que no somos conscientes de su existencia.

Para los efectos de nuestro ejemplo, puede ser que tengamos la mala costumbre de nunca decirle “Te quiero” a nuestra pareja.
Ello a la larga puede ser uno de los desencadenantes de la situación matrimonial actual.

Es obvio que lo solucionaríamos en parte corrigiendo la actitud y comenzando a decirle a nuestra consorte cuanto la queremos, sin embargo no somos conscientes de la omisión “per se”.

Si a mis manos llega un libro que me hace ver el mal hábito realizado por tanto tiempo, ya he ganado mucho: lo obvio se volvió evidente para mí y puedo entonces tomar medidas para mejorar las cosas. Empezaré a ser proactivo.

He allí el principal valor de la literatura de autoayuda: hacer evidente lo obvio. Nada más; nada menos.

Sin embargo la simpleza del mensaje es una de las principales causas por las cuales dichas obras sean consideradas nimias por los intelectuales, ya que generalmente para un sapiente la verdad sin estar envuelta en un manto de complejidad se vuelve despreciable e insignificante, “ergo” indigna de su intelecto.

La gran verdad es que un libro de autoayuda está orientado hacia la masa; hacia el hombre y mujer común; los cuales giran y giran en un círculo vicioso de mediocridad dictado por las programaciones mentales que desde pequeños les fueron inculcadas.

Utilizar un lenguaje grandilocuente – por consecuencia – invalidaría su objetivo primario: llevar una guía de conducta y de cambio al hombre de a pie; aquel que probablemente no ha pisado los imponentes templos del conocimiento o que no ha podido disfrutar de la elocuencia y de la capacidad intelectual de los puristas del intelecto.

Ahora si nos vamos a los resultados, para mí es más útil contar con todos los libros que pueda para aprender cómo mantener mi matrimonio sano, que leer un libro sobre la infancia desgraciada de un niño en la segunda guerra mundial.
Con esto no quiero decir que la literatura culta o que los clásicos no cumplan una función. Al contrario.
Sin embargo todo tiene su tiempo.

Cuando somos núbiles tenemos la oportunidad de leer de todo y de llenar nuestra mente con todo el conocimiento posible, de manera que se cultive nuestro léxico y abra nuestra mente a las ideas y al conocimiento en general.

Sin embargo llega un momento en nuestras vidas donde la edad; los problemas; y las responsabilidades nos deberían obligar a ser más selectivos con el material que escuchemos y leamos, ya que en un momento dado lo que necesitamos son soluciones para lidiar con los avatares de la vida.

Son incontables los ejemplos – me incluyo en este grupo – de personas que han cambiado sus vidas y que han corregido actitudes a resultas de un “librito” de poco costo el cual sería utilizado por un intelectual como porta vasos.
Y ni hablar de los beneficios financieros para muchas de esas personas.

Por otra parte, todos los libros de autoayuda buscan lo mismo: servir de ayuda.
Ninguno le enseña banalidades ni asuntos etéreos: van al grano. Buscan una reacción en el lector y un cambio en sus vidas.
Y ello no tiene nada de malo.

En conclusión este debate será eterno, pero mientras tanto, millones de personas alrededor del mundo mejoran sus vidas; conceptos; creencias; y personalidades por medio de libros vilipendiados y despreciados por los portaestandartes de la sabiduría.

Ya alguien pensará en escribir un libro para ellos llamado “Como aprender a ser humilde en 10 pasos”.
Aprenderían mucho de él.

Autor: Yohel Amat