Esta es una pregunta que deberíamos hacernos constantemente ante las circunstancias – pequeñas o grandes; buenas o malas – que se nos presentan diariamente y que incidiría mucho en la forma como solucionamos nuestros problemas, ya que para la efectiva resolución de los mismos existe un factor clave: la palabra “proactivo”; el ser proactivo.
A nivel laboral - y también personal - se ha definido que una persona es proactiva cuando hace sus tareas voluntariamente y con la mayor eficiencia posible - de acuerdo a sus capacidades y entrenamiento - y sin que medie ni la supervisión, ni la coacción de un supervisor - llámese jefe, padres, gobernantes, maestros, etc. - para que cumpla a cabalidad.
En otras palabras una persona proactiva hace lo que tiene que hacer de buena gana; con entusiasmo; al 100%; y sin que nadie tenga que obligarlo.
Lo hace por convicción y por convencimiento propio.
Como ejemplo, podríamos decir que a nivel laboral todos los trabajadores nos consideramos injustamente tratados y creemos que deberíamos ganar mejor.
Ello lleva a que algunos que se consideran víctimas de las circunstancias de que actúan bajo presión; cuyas opiniones no son escuchadas; y que además de ello están sub pagados, procedan a refugiarse en la mediocridad, amiguita cercana del conformismo.
Por supuesto que las personas que caen en esa actitud – generalmente la mayoría – no se dan cuenta de que con la misma simplemente se están haciendo más daño a sí mismas que a la empresa. Actuarán guiados por el resentimiento sin medir las consecuencias en sus propias carreras.
El resentimiento es como tomar veneno y esperar que el otro muera. – Anónimo
Independientemente del trato que reciban por parte de la empresa o de lo bien o mal que se les trate, hay una realidad: se les paga por hacer un trabajo y si ellos aceptan dicha remuneración, es su responsabilidad dar el 100%.
Si no están de acuerdo con el trato que reciben o la paga que se les da, nadie les obliga a estar en ese puesto.
Pueden renunciar y buscar otra empresa donde si valoren su trabajo y se les considere. Pueden elegir.
A nuestro ejemplo le introduciremos otro elemento de la persona proactiva: la capacidad de decidir como reaccionar ante las circunstancias, no importando si son buenas o malas.
Está demostrado que nosotros podemos elegir como reaccionar ante una circunstancia y no porque sea mala tenemos el derecho de actuar de forma destructiva o vengativa.
Ello sería como disparar contra alguien para hacerle daño pero poniendo nuestra mano enfrente del cañón: ambos van a salir heridos.
Si vamos por la vida simplemente reaccionado ante las circunstancias, estaremos vendiendo nuestra libertad de escoger como reaccionar antes los problemas y esclavizándonos a nuestros sentimientos.
Frases como “Me deje llevar”; “Lo vi todo rojo y…”; “El/Ella me hizo perder el control”; “El tráfico me puso de mal humor”; etc. son todas muestras de acciones reactivas y no proactivas.
Tenemos el derecho a decidir cual es la mejor reacción ante las circunstancias que se nos presenten, de acuerdo a nuestro mejor interés y midiendo las consecuencias a largo plazo; y no a actuar por impulso. Las cárceles están llenas de personas reactivas.
Si los argumentos existencialistas no nos convencen, hagámoslo por motivos exclusivamente prácticos – previo análisis de su parte –: las personas proactivas logran mas en la vida que las reactivas y acortan mas el camino en la búsqueda de la excelencia.
Autor: Yohel Amat

