lunes, 14 de diciembre de 2009

Existe la mala suerte?

Se ha elucubrado mucho con respecto a éste tema y en muchos círculos es claro elemento de polémica.

Hay muchos que opinan que nuestra suerte la hacemos nosotros mismos; mientras que otros transcurren sus vidas con la plena creencia de que son meros peones en el tablero de ajedrez de los dioses.

Otros esgrimen el argumento de que nuestro destino ya está escrito y por ello deberemos resignarnos a que lo que nos suceda así debió ser y no hay nada que podamos hacer al respecto.

Yo por mi parte no me engaño al respecto y soy plenamente consciente de que gran parte de los sinsabores que he experimentado en mi vida son fruto de mis acciones u omisiones.
Si no somos conscientes de ello nunca podremos tomar plena conciencia de quién realmente somos, para que en consecuencia comencemos a cambiar actitudes y a corregir rumbos.

Sin embargo una parte de mí sabe que todos hemos experimentado rachas de pequeños acontecimientos molestos y generalmente costosos los cuales se suceden uno detrás del otro, sin apenas darnos respiro.

Ante tal cantidad de inconvenientes pareciera que fuéramos puestos en una especie de prueba, con la cual se desea saber hasta donde resistimos sin despotricar ante nuestra desdicha y sin alzar nuestro puño al cielo para preguntar "Por que yo, Señor?"

En esos momentos lo que normalmente hago es elevar al cuadrado mi ingenio y mi creatividad para resolver los inconvenientes que se alzan altaneramente ante mi; a la vez que trato de armarme con toda la paciencia que pueda y de la cual nunca cuento en grandes cantidades.

En realidad nada ganamos con maldecir, aunque el animal que todos llevamos dentro desee liberarse de las ataduras de la razón que le sujetan en momentos de contrariedad y pruebas... y lo que más nos asusta es que muy en el fondo quisiéramos dejarle en plena libertad para que haga de las suyas y destroce a dentelladas nuestros enemigos y contrariedades. Ojo. Autor: YOHEL AMAT
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sábado, 12 de diciembre de 2009

El regalo homogéneo

Hay que estar conscientes de que el tiempo es uno de nuestros bienes más preciados... y el más perecedero.

El mismo se nos da en igual cantidad a cada una de las criaturas de Dios: en 24 unidades de 60 minutos cada una.

Hay que dar gracias a nuestro Creador por el privilegio de poder estar sanos y conscientes al momento de recibir el "paquete" correspondiente al día de hoy y corresponderle el privilegio por medio del buen uso del preciado presente.

Comenzaré mi día plenamente consciente de que puede ser el último para mi y en consecuencia lo viviré con la pasión que corresponde, en aras de que mi paso por la Tierra no haya sido en vano.

Autor; YOHEL AMAT
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viernes, 11 de diciembre de 2009

El peligroso botón de "Posponer"

Soy un fanático de las agendas de mis celulares y de la de mi computadora, ya que con dichos elementos compenso mi natural propensión a olvidar fechas y eventos y eso que no menciono mi inclinación a la desorganización.

Para combatir dicha compulsión he diseñado un sistema, al cual he bautizado como "Sistema de Contrapeso".
El mismo consiste en atenuar los efectos de mis defectos o carencias por medio de elementos que causen un efecto contrario en mi persona y me auxilien a lograr un equilibrio o mejor aún: inclinar la balanza hacia el lado más conveniente para la consecución de mis objetivos.

Volviendo al tema de las agendas, generalmente las mismas nos recuerdan los compromisos por medio de ventanas, dentro de las cuales se encuentran los textos de los recordatorios que nosotros previamente habíamos definido.

Sin embargo, otro elemento que nunca puede faltar es un botón identificado - generalmente - por la palabra "Posponer"; mismo que generalmente viene acompañado por la opción de escoger un lapso de tiempo - opcional por cierto - para volver a desplegar la misma ventana en caso de que no podamos - o queramos - hacer honor al compromiso de marras.

Por supuesto que es mucho mas fácil presionar el botón "Posponer" que ponernos en acción y completar la tarea desplegada.

Sin embargo en la medida que no aprendamos a priorizar, sucederá que las ventanas empezarán a acumularse y en un momento dado se constituirán en un monumental recordatorio de nuestro fracaso en nuestro empeño por combatir el caos natural de lo cotidiano.

Es muy importante depurar nuestro sistema de etiquetado, de manera que identifiquemos eficientemente las cosas que realmente son importantes y releguemos al fondo del barril las cosas irrelevantes.
Y más aun: no sólo saber rotular; sino agarrar las tareas pendientes e importantes y completarlas. Pensemos en ello la próxima vez que vayamos a utilizar la función "Posponer". De otra forma estaremos obteniendo a la larga el efecto contrario al deseado.

Autor: YOHEL AMAT

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La pasión hasta en lo cotidiano

Muchas personas se desenvuelven en muchas de sus facetas - empleados, padres, ciudadanos, etc. - con un talante de hastío y de mediocridad que de manera indirecta afecta sus vidas sin ellos darse cuenta.

Realizan sus labores diarias sin un propósito específico y por un sentimiento de inevitabilidad que los impele a pensar que "hay que hacerlo porque no hay de otra."
Al actuar de esa forma esas personas están coartando sus posibilidades y alimentando hábitos de conducta erróneos.

Siempre hay una salida ante un trabajo o situación tediosa, pero si nos sumergimos en el mar de la inevitabilidad, entonces viviremos con el sentimiento de que "tenemos que" y no con el de "escojo esto o aquello."

Ni la persona ni el ente se merecen un trabajo de nuestra parte carente de pasión, ya que en la misma es que reside el secreto para siempre dar esa milla extra que nos diferenciará del montón y que nos hará personas extraordinarias, a saber personas que hacen algo extra que el ordinario no.

Autor: YOHEL AMAT

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martes, 8 de diciembre de 2009

La importancia del tiempo de los demás

En muchas ocasiones a lo largo de mi vida he sentido que las personas no saben valorar en su justa medida el tiempo de su prójimo.

Es por ello que muchas veces somos víctimas del "síndrome del doctor", aquel que sufren los profesionales de la salud en cualquier sitio público al recibir la insolente insistencia de un advenedizo pidiendo consultas gratuitas para sus males.

En mi caso, mi conocimiento sobre computadoras me ha llevado a sufrir en carne propia el abuso de amigos y compañeros de trabajo - inclusive de advenedizos - los cuales prácticamente han exigido de mi parte pronta solución a sus problemas informáticos... pero por supuesto sin cobrar un centavo, ya que - según los advenedizos - "Entre amigos no debe campear el lucro". El tiempo y el conocimiento de cualquier persona tienen su valor y nunca deberemos abusar de los mismos, ya que podrÍamos con ello "matar la gallina de los huevos de oro."

Autor: YOHEL AMAT

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Tres tristes miedos

El miedo es un mecanismo de defensa natural que durante siglos nos ha protegido del peligro. Es incuestionable la utilidad de éste elemento para conservar nuestra integridad física y mental.

Sin embargo el peligro es aun mayor cuando vivimos nuestras vidas basados solamente en el temor, ya que ello nos lleva a vivir vidas mediocres y llenas de frustración.

Se han identificado tres tipos de miedos, mismos que son los causantes de la mayoría de las vidas mediocres que pululan a nuestro alrededor... y dentro de nosotros mismos.

MIEDO AL FRACASO
Éste es uno de los temores más comunes y la principal causa de que muchos vivan estilos de vida en zonas " libres de fracasos", pero carentes de retos y de realizaciones.
Las personas que ostentan este miedo nunca quieren arriesgarse en nada y siempre quieren "jugar a lo seguro", siendo esto una utopía, ya que todo en ésta vida conlleva un riesgo.
Como consecuencia de ello nunca nos atreveremos a hacer nadar y nos constituiremos en expertos en la mediocridad.

Por nuestra propia naturaleza tendemos a evadir el fracaso, ya que el mismo conlleva vergüenza y escarnio.
La mayoría de las personas tienden a buscar constantemente en su entorno la más mínima señal de fracaso para señalar con el dedo al caído y por un momento regodearse en su fracaso.
Todo ésto es consecuencia de nuestro propio mecanismo de defensa ante el horror de nuestros propios fracasos.

La persona pro activa y que sabe que es lo que quiere - por medio de metas claras y definidas - comprende que el fracaso es parte de cualquier proceso de aprendizaje y que "per se" no dicta que nosotros seamos fracasados, ya que la acción de fracasar no nos constituye en perdedores.

Una vez que le perdamos el miedo al fracaso, nos liberaremos de las cadenas que nos atan a la mediocridad y podremos entonces explotar todo nuestro potencial.

MIEDO AL RECHAZO

Cuantas ocasiones de disfrutar las dulces mieles del amor perdimos en nuestra vida por el hecho de no habernos atrevido a dar ese primer paso para entablar una relación con ese objeto de deseo? Cuantas oportunidades de trabajo hemos perdido por el mismo motivo?

Es natural que ante un elemento "superior" - llámese una persona; un trabajo de alto perfil; una oportunidad de promoción; etc. - tengamos ese convencimiento de que no somos dignos de ello y que seguramente seremos rechazados debido a nuestras limitantes y defectos.

El principal antídoto contra éste mal es el de estar conscientes de nuestra valía y de nuestras carencias.
Ésto último no es para auto castigarnos, sino para reforzar las mismas y poder constituir contrapesos en nuestro carácter que nos ayuden a aumentar nuestra auto confianza.
Éste último es elemento fundamental para poder combatir con éxito éste nefasto temor que tanto daño causa por medio de la inacción.

MIEDO AL ÉXITO
Por increíble que parezca, en muchas ocasiones tendemos a evadir el éxito, ya que amamos el mismo, pero le tememos a las responsabilidades que conlleva.

En muchas ocasiones - principalmente en el plano laboral - inconscientemente "saboteamos" nuestras posibilidades de promoción o de éxito por el simple y prístino temor a perder la "libertad" de la que gozamos como simple empleados o ciudadanos del montón; o de perder uno de los elementos más celosamente guardados - mera excusa nada mas - por los mediocres: "nuestra vida personal".

Generalmente este comportamiento viene amarrado con fuertes convicciones de pereza y conformismo que nos llevan a evitar dar esa milla extra que exige cualquier patrón de éxito en cualquier actividad.

Una vez estemos conscientes de que todo en ésta vida tiende a evolucionar y a crecer, nos daremos cuenta que despotricar del éxito nos es mas que un subterfugio para ocultar nuestra propia cobardía ante las grandes cosas de la vida reservadas para nosotros.


CONCLUSIONES
Vivir bajo la égida del miedo no es vivir... es morir en vida.
Debemos comprender que quién no aprende a determinar y dominar sus miedos, vivirá el mayor de los horrores al final de sus días: el de todas las cosas que pudo haber hecho y que pospuso por cobardía. El horror consiste en que ya para ese momento será demasiado tarde.

AUTOR: YOHEL AMAT Mensaje enviado desde mi BlackBerry® de +Móvil!

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domingo, 6 de diciembre de 2009

¿Es bueno tender a ser perfeccionista?

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El afán de perfección hace a algunas personas totalmente insoportables.
Pearl S. Buck

En muchas ocasiones uno de los grandes obstáculos en nuestro caminar hacia la excelencia son los moldes mentales que llevamos con nosotros.
Aunque parezca inverosímil, muchas personas confundimos “excelencia” con “perfección”, en el sentido de que todo tenemos que hacerlo bien… y desde el primer intento.

Una de las principales características que nos hace humanos es nuestra tendencia a cometer errores. Ahora la actitud que tomemos ante ellos es lo que realmente definirá nuestro futuro y andar, a lo largo de nuestra vida.

Tan malo es romper en llanto y quedarse en el suelo - presa de la vergüenza y del miedo – cómo auto flagelarnos y convertirnos en nuestro peor crítico a resultas de un error cometido.

En mi caso trabajé durante catorce años en una transnacional, en la cual las personas no éramos tales, sino que nuestro tiempo y alma debían estar a la disposición de la compañía a su placer y gusto.
Trabajar bajo presión; improvisar a última hora; dar más importancia a los caprichos de un jefe que a la planificación programada; etc. todo ello me causaba un estrés increíble que me llevó a desarrollar una conducta tendiente a exigirme a mí mismo un grado de perfección tal que a resultas de él ahora ante cualquier trabajo me yergo como el más exigente de mis supervisores.

En una ocasión me di cuenta de que dicho sistema de trabajo estaba minando mi salud y mi paz mental, ya que vivía en constante sobresalto y con eternos dolores de cabeza a resulta de errores cometidos, los cuales me hacían ver mi falibilidad… y sin que la persona para la cual trabajaba le diera la menor importancia.
Fue en ese momento que me di cuenta de que me estaba exigiendo demasiado a mí mismo y sin necesidad.

Ahora, ello no quiere decir que debamos ahora relajar nuestros estándares de calidad y proceder a hacer cualquier trabajo bajo la perspectiva de que “errar es de humanos”. Para nada.
Seguiré exigiendo mucho de mi mismo, no porque me considere superior o infalible, sino porque estoy plenamente consciente de mis limitantes y por ello quiero “apuntalarlas” de manera que minimice el daño que pudieran causar en mi constante búsqueda de la excelencia.

Autor: Yohel Amat