TeamViewer es una utilidad para el control remoto que coloca a un par de clics de distancia dos ordenadores alejados entre sí.
El procedimiento es muy sencillo: se instala el programa en los dos PC y desde uno de ellos se conecta al otro con los datos de acceso que se generan aleatoriamente con cada conexión.
A partir de ahí, transferencia de datos, control del ordenador remoto, chat, etc. Casi todo lo que necesites. Respecto a cortafuegos y demás cortapisas, las conexiones vía TeamViewer siempre escogen un plan B para evitarlos.
Acerca de la licencia:
Gratis para un uso no comercial
Para utilizar TeamViewer necesitas:
Sistema operativo: Win98/98SE/Me/2000/NT/XP/2003/Vista/7
¿En cuantas ocasiones no hemos querido “ahorcar” por el teléfono a la persona que estamos tratando de ayudar en su computadora? Algo tan sencillo como “ponerse sobre “Mi PC”; presionar “botón derecho” y escoger “Propiedades”” se convierte en una odisea que a veces puede demorar hasta media hora… o más.
Con Teamviewer la asistencia remota se convierte en algo sumamente sencillo, ya que usted se sitúa en una posición donde prácticamente es como estar sentado en la otra PC; la que desea controlar.
Éste programa es muy útil en situaciones tales y como:
Asistencia remota de todo tipo:
Clientes
Amistades
Familiares
Transmisión de archivos
Presentaciones remotas y demostraciones de producto
Administración remota de servidores no vigilados
Control remoto de cualquier ordenador a través de Internet
La primera impresión que puede causar éste programa es que está orientado para profesionales de la computación, pero en realidad cualquiera puede hacer uso de sus bondades y he conocido abuelos que han asistido a sus nietos con él en caso de presentarse problemas.
Procedimiento de uso
Se necesita instalar el programa en ambas computadoras. El mismo viene en dos versiones: una VERSIÓN COMPLETA para la persona que va a controlar el otro computador; y otra VERSIÓN CLIENTE para la persona que necesita la asistencia. De más está el resaltar que la versión completa también es válida para ambas situaciones.
La persona que va a recibir la asistencia nos tiene que transmitir – vía telefónica; chat; email; etc. - dos cosas: un ID y una contraseña. Ambos datos están en la pantalla inicial del Teamviewer.
En nuestra pantalla – somos los que vamos a dar el soporte – introducimos el ID. El TV verificará que hay conexión con el otro equipo y al hacerlo pedirá entonces la contraseña. Si es la correcta la conexión se establece y desde ese momento hemos iniciado una sesión de TV.
Seguridad
Muchas personas tienen el temor de que sus equipos quedan vulnerables con programas como el TV.
Sin embargo la conexión solo se establece entre los dos equipos y solo dura mientras la sesión se esté dando, ya que en cualquier momento cualquiera de las dos partes puede cerrar el programa y la sesión expirará hasta que se vuelva a repetir el ciclo especificado en el punto anterior.
No hay que tener el temor de que mi equipo queda vulnerable por el uso del TV.
Conclusiones
Éste programa me ha ahorrado tiempo, gasolina, corajes, frustraciones, etc.; y le ha llevado satisfacciones a mis clientes, amigos y familiares, en el sentido de que reciben asistencia expedita sin tener que esperar a que tengamos tiempo para desplazarnos hasta sus oficinas o casa.
No importa en que punto del orbe se encuentre la otra persona, mientras ambos tengamos Internet, podremos iniciar una sesión y solucionar situaciones que de otra forma se volverían sumamente engorrosas.
¡Ah!, y como siempre… ¡GRATIS! ¿Que más podemos pedir?
Muchos de nosotros aprendimos el valor del dinero cuando cumplimos la mayoría de edad y cuando este comenzó a llegar a nuestras manos no sabíamos que hacer con él, en algunas ocasiones nos sentíamos tan culpables de ganar dinero que lo entregábamos a nuestros padres para que ellos lo administraran o lo tirábamos a manos llenas en todo cuanto se cruzaba por nuestros ojos.
Hoy con el paso de los años, muchos hemos aprendido con dolor a conocer el verdadero valor del dinero, a valorar cada centavo que llega a nosotros, a invertirlo adecuadamente y a reconocer de una manera asertiva lo que es una inversión y lo que es un gasto.
Algunos aún continúan sin poder aprender la lección y viven envueltos en un huracán de deudas, malas inversiones, pérdidas y hasta problemas que pueden haber involucrado la seguridad.
Muchas de las experiencias que hoy vivimos con el dinero fueron adquiridas como hábitos durante nuestra niñez, algunos padres pagan todos los gastos de sus hijos, entregan dinero sin ganarlo o no permiten que sean ellos mismo quienes paguen sus antojos. Voy a enseñarte hoy algunas actividades que puedes realizar con tus hijos para que les enseñes desde ahora el verdadero valor del dinero y aprendan a manejarlo, pero sobre todo a invertirlo y hacerlo crecer.
Determina una cantidad razonable cada semana para los gastos básicos de alimentación en su escuela. Si eres de los papás que aún le envían lonchera a sus hijos, agrega un poco de dinero semanal para que él utilice en comprar un dulce o algo que quiera durante el descanso en la escuela, es bueno que comiencen a conocer los costos de los alimentos y comiencen a pagar un precio por sus antojos. Entrega cada semana una cantidad limitada, no la amplíes o le repongas el dinero si lo gastó todo el primer día, déjalo que aprenda a guardar para los días venideros, eso le enseña que hay que reservar algo para mañana.
Proponle ganar dinero realizando actividades extra, como lavar tu auto, lavar los vidrios de las ventanas de la casa, u otra actividad que sabes puede realizar y que normalmente pagas por ella. Eso sí, debes pagarle el valor que pagarías a una persona extraña por hacerlo, no engañes a tu propio hijo por ahorrarte unos centavos, esto hace mucho mal a tu pequeño pues se acostumbra a pensar que su trabajo no tiene valor y crecerá con esta mentalidad.
Involúcralo en las compras del mercado Una actividad que disfruto mucho con mis hijas desde que eran unas bebes era ir al mercado, allí aprendieron a identificar buenas ofertas, a hacer buenas compras y a ahorrar dinero en algunos productos para pagar antojitos que siempre nos salían al paso de camino a la caja registradora.Involucra a tus hijos en las compras, enséñales las diferencias entre las marcas y los precios. Permite que sean ellos quienes lleven las cuentas, antes de salir de casa acuerden el presupuesto y los productos que necesitan y realicen un concurso entre ustedes para ver quien hace mejores compras.
Aliéntalo para que guarde una cantidad semanal para comprarse algo que siempre haya querido tener. No le compres todos sus caprichos, permítele que él mismo aprenda el valor de ahorro, motívalo para que se prive de un antojo y guarde ese dinero para comprar algo más grande que ha querido por mucho tiempo, por ejemplo, un MP5, un PSP2, un nuevo juego de video, un televisor para su habitación. Verás como esto de ayuda a controlar sus gastos y a futuro sabrá ponerse metas pero sobre todo a hacer lo necesario para cumplirlas.
Ayúdalo a tener su primer negocio. Indaga sobre sus gustos o que le gustaría ofrecer a otras personas para ganar dinero, apóyalo y dale un primer empujoncito para su emprendimiento, enséñale a fijar los precios para sus productos, acompáñalo a comprar la materia prima o el producto que revenderá y enséñale a elegir buenos productos y a buen precio. Apóyalo para que haga crecer su negocio, reinvierta en él y mantenga sus ahorros.
Si le prestas dinero, recuérdale que debe pagártelo. Y si él te presta dinero págaselo en el tiempo que pactaron. Aunque seas su padre debes enseñarle que las deudas deben ser cubiertas en su totalidad, aunque sea la cantidad más mínima y a ti no te haga falta o después le entregues de vuelta ese dinero que te pagó, enséñale a pagar todas sus deudas. Este es uno de los peores hábitos que nos enseñaron nuestros padres, cuando teníamos una deuda ellos se hacían cargo y nosotros ni nos enterábamos, con el tiempo crecimos pensando que adquieres deudas y otro las paga por ti, pero la vida no funciona de esa manera y en esta época si no pagas...
Enséñale a multiplicar su dinero Cuando mi hija Sara tenía 4 años un día me prestó $500 y me dijo que debía devolverle $100 más, yo me reí y acepté, a los dos días le devolví $600. Ella estaba comprendiendo la forma de hacer que el dinero trabajara para ella, y desde ese tiempo ha ido perfeccionando su técnica (y lógicamente aprendiendo a no ser usurera), todo el dinero que presta debe regresar a ella con un porcentaje de ganancia de acuerdo con los días que permanece por fuera de su alcancía. Hoy en algunos momentos ella tiene más dinero en su billetera que yo en la mía (y solo tiene 13 años).
Enséñale a tu hijo a que ayude a otras personas pero también a poner a trabajar el dinero para él, el dinero es nuestro esclavo y nosotros, por no saberlo manejar nos hemos convertido en el suyo, somos los esclavos de un esclavo!.
Debemos reconocer la plena igualdad de todas las personas ante Dios y ante la ley, y en los cuerpos gubernamentales. Debemos hacerlo no porque resulte ventajoso económicamente, aunque lo es; no porque las leyes de Dios así lo dispongan, aunque así lo disponen, y no porque las gentes de otras tierras así lo deseen. Tenemos que hacerlo por la razón única y fundamental de que es lo correcto.
Robert Kennedy
En mi país habitan personas de todas partes del orbe y en general los extranjeros son aceptados con los brazos abiertos, ya que nuestra cultura y raza es multicolor. Por ello raras veces el extranjero se siente excluido en nuestro suelo patrio.
Sin embargo últimamente se ha dado el fenómeno de una ola migratoria proveniente de un país limítrofe, a causa de la violencia; la guerrilla y el narcotráfico. Ha resulta de ello, en nuestro país los niveles de delincuencia se han elevado a alturas nóveles para nosotros. Ello se refleja en que últimamente se han dado toda clase de tropelías, cual de todas más vil y desalmada.
Como en nuestro país nunca hemos experimentado tal grado de maldad y violencia, actualmente el grueso de la población empieza a ver a dichos inmigrantes como los causantes directos de dicha distorsión de nuestra vida nacional y costumbres. Yo no me atrevo a afirmar que ello sea cierto, por lo que me reservaré mi opinión.
Traigo esto a colación, ya que por avatares del destino me tocó conocer a una gran persona proveniente de dicho país y al cual considero responsable y muy trabajador. Sin embargo el mismo se encuentra frustrado, ya que no puede aplicar para un trabajo - ya que sus papeles no están en regla todavía - y por otra parte, tampoco puede montar su propio emprendimiento por falta de capital de trabajo.
Ya lo ha intentado varias veces, pero en cuanto el posible socio escucha su acento, inmediatamente lo encasilla, perdiendo con ello toda oportunidad de negocio. Bautizaré a mi amigo como Carlos.
Carlos tiene a su familia en su país de origen y además carece de una entrada fija, por lo que actualmente se encuentra desesperado, ya que la norma últimamente es que no tiene ni para comer.
Carlos me comenta lo difícil que es para él el hecho de ver en los rostros de las personas la desconfianza y el señalamiento al momento de determinar su nacionalidad, ya que siente que por el simple hecho de provenir de dicho país, inmediatamente se convierte en delincuente, guerrillero o narcotraficante ante los ojos de su interlocutor. Muchas veces habla al respecto con lágrimas en los ojos.
El ser humano tiende a marginar a todo aquel que no es igual a él. El norteamericano margina al latino; el latino en su país margina al indígena; y así la cadena sigue sin fin. Todos en un momento dado marginamos y señalamos sin tener siquiera los elementos para determinar si la persona objeto de nuestro miedo realmente es merecedor de él.
Mi consejo para Carlos es que todos discriminamos y todos somos discriminados en un momento dado. A veces – sutilmente – somos marginados por ser gordos; por nuestra apariencia; por nuestro color de piel; por nuestra vestimenta; por nuestro país de origen; por nuestra clase social; etc. Es por ello que el simple hecho de discriminar a una persona por su nacionalidad es el más vil de los actos, ya que podríamos estar condenándolo al ostracismo, aunque tuviera la mejor de las intenciones.
Ahora, hay que ser realista: si nosotros permitimos que la idea que los demás tengan de nosotros nos afecte negativamente, entonces viviremos amargados y perseguiremos siempre la utopía de obligar a los demás a cambiar su mentalidad; cosa que nunca va a suceder.
Sobre lo que si tenemos control es sobre nuestra actitud ante la marginación y opiniones de los demás, por lo que tenemos que blindarnos con la coraza del coraje y de la determinación; cerrar los ojos; apretar los dientes y seguir nuestra caminar hasta que logremos las metas que nos hayamos propuesto. Eso nadie nos lo podrá quitar.
El agradecimiento es la memoria del corazón. Lao Tse
15 de Octubre del 2009
Hace un año pesaba 340 libras. Actualmente peso 234 libras. Todavía me falta mucho para llegar a mi peso ideal, pero lo que si es cierto es que ¡NUNCA ME HABÍA SENTIDO TAN FELIZ!
Durante años había intentado toda clase de dietas y tratamientos; y lo más cercano a la victoria que había estado fue en una época donde hacía ejercicio todos los días, pero a la larga lo abandoné y todo el peso perdido lo recuperé y con creces.
365 días ha era prácticamente un inválido: caminaba con bastón; durante el día estaba totalmente cansado y sin energías; no dormía prácticamente nada en las noches; me encontraba sin esperanzas ni de trabajo ni de emprendimientos. El sufrimiento y la impotencia eran mis compañeras inseparables he hicieron presa de mí por largos meses, durante los cuales tuve que aferrarme a Dios y a todo lo que me diera fuerzas para enfrentar cada día.
Mi único norte hace 365 días era que me operaran, específicamente que me hicieran lo que se conoce como una “Manga Gástrica”.
Con éste procedimiento me cortarían más del 70% de mi entonces gigantesco estómago, logrando con ello mi sueño más preciado: bajar de peso y recuperar mi vida. Ésta operación era mi única esperanza.
Narrarles las condiciones de dolor y mi adicción a la comida en ese momento sería imposible, ya que hay que vivirlo para saberlo. Las humillaciones que viví en mi trabajo por los episodios donde me dormía en mi puesto; las burlas; la marginación laboral – con justa razón – por la baja en mi desempeño. La verdad es que no se lo deseo ni a mi peor enemigo.
El inicio de mi redención se dio por medio de una frase; de un titular en el periódico que narraba como un otorrinolaringólogo podía ayudarme con el peor de los síntomas causados por mi obesidad: la apnea obstructiva del sueño.
Consulté con mi doctor de cabecera – el Doctor Ronyel Rudas – y él me refirió a un especialista el cual después de evaluarme me confirmó la peor de mis pesadillas: mi única salvación era operarme.
Aquí comienza mi calvario: como no contaba con los recursos para hacerlo en un hospital privado – ésta intervención puede costar hasta $12,000.00 dólares americanos – tuve que optar por operarme en el Seguro Social de mi país… y todo los días le doy gracias a Dios por ello.
El otorrino me ayudó a contactar al cirujano que significaría tanto en mi vida y que sería el instrumento divino para mi salvación: el Doctor Eliecer Tello. Siguiendo sus instrucciones tuve que comenzar a pasar por una serie interminable de exámenes, todos ellos con el fin de determinar si estaba físicamente preparado para la operación o si el riesgo de muerte era muy alto.
Durante más de tres meses subí y bajé escaleras; recorrí todos los centros del Seguro Social pertinentes; gasté dinero que no tenía para hacerme los exámenes que el Seguro no podía hacerme; etc.
Si a todo esto le añado que ya por mi condición manejar era prácticamente imposible – me podía dormir mientras manejaba – y que ya necesitaba de un bastón para poder caminar se darán cuenta de que durante esos tres meses tuve que armarme de todo el valor posible y arroparme con un sentimiento de decisión irrestricta para poder soportar tanto sufrimiento.
Una de las cosas más queridas para mi la había tenido que abandonar: leer. Ello se debía a que no podía concentrarme en la lectura por más de 5 minutos, ya que inevitablemente me dormía sin darme cuenta y sólo me daba cuenta de ello por el estropicio del libro al estrellarse contra el suelo.
Como anécdota, una noche me levanté a tomar algo líquido y mientras lo hacía me sucedió un accidente de los que llamaba “incidentes”: me dormí de pie. Lo que me despertó fue el crujido que hicieron mis rodillas al caerles mis 340 libras al estrellarse contra el suelo. Por un momento pensé que me había roto ambas piernas y que con ello estaba perdiendo todas las oportunidades que podía tener para que me operaran. Gracias a Dios no fue así.
Después de cumplir con el requisito de los exámenes y de que el Dr. Tello certificara que estaba físicamente preparado para una operación de esa magnitud, el paso que seguía era esperar… estábamos en Abril del 2008.
Durante 4 meses eso era lo único que pude hacer: esperar. Para ese momento ya había sido despedido de mi trabajo de 14 años y por ello todo lo que podía hacer era sentarme en mi casa a languidecer… con el teléfono a la mano, siempre a la espera de esa llamada salvadora que me anunciara que ya podía ir al hospital a internarme.
Finalmente en Septiembre del 2008 me llamaron y de más está decirles que salí como una centella para el hospital. Era un día Sábado. Las operaciones de éste tipo se realizan solamente los Miércoles por lo que tenía que esperar hasta el siguiente para poder por fin aspirar a una nueva vida.
Ese Lunes cayó un torrencial aguacero sobre la ciudad capital y a causa de ello las salas de operaciones se inundaron. De más está decirles que la mía se canceló hasta nuevo aviso y que por ello me mandaron para mi casa.
No tengo palabras para describir el grado de frustración con el cual regresé a mi casa y sin haber logrado mi propósito. Sentía que ya no había más nada para mi en la vida y que los dioses me habían abandonado.
Un mes después recibí la ansiada llamada el Sábado 11 de Octubre del 2008: tenía que presentarme para internarme y para operarme el Miércoles 15 de Octubre del 2008.
Sin embargo, nuevamente las circunstancias estaban en mi contra: me encontraba en ese momento terriblemente resfriado. Ya me habían advertido que si tenía cualquier tipo de problema respiratorio – incluyendo entre ello, por supuesto, la gripe – no me podrían operar.
Durante los días siguientes me la pasé tomando pastillas contra el resfriado en aras de curarme - o al menos mejorar – para el día de la operación; y a la vez hacer todo lo posible para que las enfermeras y doctores no se dieran cuenta de mi real condición. Me encontraba tan desesperado que no me importaba arriesgar mi vida en la mesa de operaciones: mi deseo ardiente era que me operaran.
Finalmente el día llegó y nunca olvidaré que al entrar a la sala de operaciones el miedo no existía en mí: todo lo que quería; todo lo que había deseado por meses; mi mas caro anhelo; estaba ante mí: me iban a operar finalmente. Ese 15 de Octubre fue el día en el que volví a nacer.
Sobre los cambios que han habido en mi vida a partir de ésta operación hablaré en otras columnas, ya que el detalle es amplio y numeroso.
Aprendí muchas lecciones de todo esto:
Cuando disfrutemos de salud démosle gracias a Dios por ello.
Nada en ésta vida se logra sin ayuda de alguien. Siempre – aunque no sea evidente – hay una mano que se extiende para ayudarnos y sostenernos en los momentos difíciles.
Si nos ponemos en acción, armados de un deseo ardiente por lograr un fin y blindados por la fe de que todo saldrábien, todo es posible… o al menos aumentarán las probabilidades de lograrlo.
Hasta que no tomemos la decisión de hacer algo, nunca se realizará, ya que un sueño sin un plazo para alcanzarlo y sin un plan de trabajo nunca se hará realidad.
A pesar de los obstáculos y de los escollos, tenemos que seguir insistiendo y nunca rendirnos.
Nuevamente gracias a la vida y ahora lo que suceda desde ese 15 de Octubre, dependerá de mí. Haré honor a ello.
Ahora lo más importante: las gracias.
A Dios por la oportunidad que me dio para comenzar una nueva vida.
Al compañero Alexis Carles; a quién operaron antes que a mí y el cual se preocupó por compartir sus experiencias y de darme aliento para reunir el valor necesario para todo lo que me esperaba. A su señora madre también le estaré eternamente agradecido.
A mi esposa por toda la paciencia, amor y apoyo que me dio, y que todavía pródigamente me brinda. TQM.
A mis hijos, por toda la paciencia que tuvieron para conmigo y por la preocupación y amor que me dispensaron.
A mi mamá por apoyarme en varias ocasiones y por estar conmigo durante los primeros 15 días de convalecencia.
A mis suegros; cuñados; sobrinos y demás que también estuvieron pendientes de mí.
Al Doctor Ronyel Rudas por estar siempre pendiente de mí y por todo el apoyo y gestiones que hizo para conseguir que finalmente me operaran. Jamás terminaré de agradecérselo.
Al Doctor Eliecer Tello por ser uno de los mejores cirujanos del país – y diría que del mundo – ya que hizo un trabajo impecable y mi vida actual da fe de ello. Gracias a él puedo decir que volvía a vivir después de estar muerto en vida.
A todo el personal del Complejo Hospitalario Metropolitano “Doctor Arnulfo. Arias Madrid” por el trato humano y profesional que me dispensaron; en especial para las enfermeras que estuvieron a cargo de mi.
A Víctor Alvarado – mi último jefe – el cual me facilitó todo lo necesario para que pudiera realizarme todos mis exámenes, a pesar de que afectaba con ello mi trabajo en la compañía. Siempre estuvo pendiente de mí y por ello toda la vida se lo agradeceré.
A todos los amigos y amigas que siempre estuvieron conmigo, antes y después de la operación.
A mi amiga de la adolescencia Ana Dinora de León, la cual hizo de todo para conseguirme un elemento que me ayudaría a disminuir el riesgo de coágulos en las piernas a resulta de la operación. Inclusive, estuvo el día de la operación allí para verificar que todo saliera bien.
El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio. Platón
Estoy leyendo el libro “Despertando el Gigante Interior” del autor Anthony Robbins, y en él encontré un argumento que me llamó mucho la atención y que en esencia dice que nuestra conducta siempre está sujeta a dos sentimientos: placer y dolor.
Este es un tema recurrente en mí, ya que siempre me he preguntado – y con mayor razón después de haber hecho algo estúpido o carente de sentido – porque hice lo que hice en un momento dado
El obeso sabe que comer de más le hace daño; disminuirá su calidad de vida y le matará a la larga. Sin embargo lo sigue haciendo. El fumador sabe que con cada cigarrillo su vida se acorta y que su muerte probablemente será lenta y dolorosa, producto de algún enfisema o cáncer de pulmón. Sin embargo sigue fumando. El empleado sabe que robar de la caja chica a la larga causará que se le descubra y se le señale como ladrón, además de tener que cargar con las consecuencias de su hurto. Sin embargo sigue robando.
Ante todos estos casos - y ante todos los parecidos a ellos – no queda más que preguntarse: “¿Por qué lo hacen? ¿Por qué insisten en una conducta auto destructiva con pleno conocimiento de ella?”.
La respuesta es muy simple: relacionamos más dolor con el hecho de cambiar un hábito o actitud, que con el dolor causado por la situación actual.
El ser humano tiende hacia las cosas que le causan placer o satisfacción, mientras que rehúye todo aquello que le causa dolor o incomodidades. Ello explica que un obeso persista en comer – gratificación inmediata – a pesar de que en el fondo desea bajar de peso y disfrutar de todas las cosas vedadas para él por su actual condición – gratificación a la larga – pero no está dispuesto a sufrir el proceso necesario para alcanzar ese placer a mediano plazo, el cual es mayor… pero tiene su precio de dolor e incomodidades.
Es importante aprender a dominar nuestros placeres y nuestros dolores, de manera que los usemos a nuestro favor, usándolos como acicate para alcanzar el placer a mediano y largo plazo, casi siempre mas satisfactorio y gratificante.
El problema es que si no lo hacemos así – por ejemplo - el obeso puede llegar a un punto donde desarrollará algún problema grave de salud – diabetes; apnea obstructiva del sueño; problemas cardíacos; disfunción eréctil; etc. – y entonces vendrá un dolor mayor que llevará a considerar como atractivo lo que antes era doloroso e incómodo, o sea una rutina de dieta y ejercicio.
Lo triste es que muchas veces ya será demasiado tarde y pueda ser que quedemos con secuelas permanentes que nos recordarán por el resto de nuestra vida que la gratificación inmediata no necesariamente es lo mejor a larga.
Dolor y placer definen nuestra conducta, pero nadie ha dicho que tengamos que ser esclavos de ellos. Redefinamos nuestros paradigmas; comencemos a recorrer el camino largo y cesemos de buscar atajos que nos llevarán a ningún lado: “Comida para hoy; hambre para mañana.”
"El secreto de la genialidad es el de conservar el espíritu del niño hasta la vejez, lo cual quiere decir nunca perder el entusiasmo." Aldous Huxley
Todo padre aspira a que sus hijos tengan una vida mejor que la que ellos tuvieron. Sin embargo en su afán de lograr dicho fin, hacemos exactamente lo contrario de lo que deberíamos.
Entre otros, estos son algunos de los geniales conceptos que los mediocres les enseñan a sus hijos:
“Estudia y gradúate para que consigas un buen trabajo. Ese es tu único camino.”
“Los millonarios son todos corruptos y explotadores.”
“El dinero es la raíz de todos los males.”
“Deja de estar pensando en tonterías y haz las cosas como siempre se han hecho.”
“Mantén un bajo perfil para que a la hora de los regaños no se acuerden de ti.”
“Deja de soñar y aterriza.”
“El dinero atrae el dinero. Nosotros no tenemos oportunidad.”
“Somos pobres pero honrados.”
“Hay cosas que son imposibles para ti. Dedícate a lo tuyo ya que tú no puedes. No eres lo suficientemente inteligente.”
“Las niñas a lo suyo y los niños a lo suyo. Hay profesiones que no son para mujeres; y otras que no son para los hombres.”
“Solo los millonarios pueden crear empresas.”
“Ocupa tu lugar. Zapatero a tus zapatos.”
Esta última es la más triste.
No bien comenzamos nuestra carrera educativa y ya el sistema nos empieza a programar para que seamos ganado sumiso listo para pastar en los yermos prados de la mediocridad. Uno por uno nos empiezan a condicionar de manera que dejemos de creer que todo lo que nuestra mente concibe es posible realizarlo; como en efecto lo es. Empezamos a perder ese espíritu de entusiasmo que nos hacía emprender cualquier cosa con empeño y seguridad infinita. Poco a poco se nos mata la imaginación, de manera que nos limitemos a adoptar lo que el sistema nos dicta… sin chistar. ¿Qué sistema quiere ganado con iniciativa e independencia?
Gracias a Dios a esa edad todavía nuestros “expertos” padres no han comenzado a enseñarnos sus “exitoso” sistema financiero, el cual en su mayoría los ha llevado a la sobrevivencia – y en algunos casos desastre - financiera. Sin embargo ya empezamos a adquirir hábitos y paradigmas basados en los ejemplos que nos dan nuestros padres, ya que a esa edad todo lo que sabemos es que ellos son los proveedores y son todopoderosos.
Ahora, queremos aclarar que nadie ha dicho que nuestros progenitores nos hayan educado como lo hicieron con malas intenciones. No, al contrario. He allí lo triste: lo hicieron con la mejor de las mismas. No debemos culparles, ya que si usted no sabe que existe otra forma de hacer las cosas, ¿Cómo va a saber que actúa equivocadamente?
Muy pronto nos veremos de lleno en la adolescencia, etapa crucial donde o se nos termina de programar para la mediocridad; o nos rebelamos contra el sistema aprendiendo a desear, concebir y a buscar el éxito.
Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada. Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.
En muchas ocasiones - y desde tiempos inmemoriales - el hombre se ha hecho a sí mismo la misma pregunta: “¿Quién soy yo?”. La respuesta a ésta pregunta se presta a muchas conjeturas y es material de debates alrededor del mundo.
La ciencia tiene su propia respuesta; la religión tiene otra; la filosofía posee la suya; la metafísica argumenta tener la correcta. Todo el mundo opina.
Para algunos, las personas son lo que poseen: entre mas riqueza o poder posean, más afianzan su concepto de persona y de individuo y les lleva a pensar que tienen al mundo agarrado por el mango. Para otros somos un nombre o lo que se ve en el espejo. Otros argumentan que las personas somos lo que contenemos por dentro: nuestros valores; nuestro espíritu; nuestra alma; nuestro corazón. Todo lo demás es superfluo.
Cuando nos hemos hecho ésta pregunta a nosotros mismos, es porque nuestra humana naturaleza nos impele a ello, ya que el ser humano siempre está ávido por descubrir el propósito por el cual existe; el porqué de su estadía en la Tierra. Muy en el fondo todos intuimos que cada uno de nosotros tiene un propósito para su vida y que parte del objetivo de nuestro deambular sobre la Tierra radica en descubrir cual es.
Lo importante es estar consciente de que si nuestra valía se basa en posesiones materiales; prestigio; posición; poder, etc.; entonces estamos sujetos a los avatares de las decisiones de entes externos a nosotros… y sobre los cuales generalmente no tenemos ningún control.
Las posesiones materiales se pueden perder en un instante; el prestigio desaparece… y a veces injustamente debido a las artimañas de nuestros enemigos; la posición en un trabajo o en una sociedad es temporal y se puede perder; y el poder… bueno, creo que no hay que agregar nada al respecto.
Si el concepto que tenemos de nosotros mismos se basa en éste tipo de elementos, al perderlos quedamos sin piso y tendemos a quedar totalmente perdidos y desamparados, al quedar completamente confundidos al desaparecer lo que constituía nuestra valía.
Durante mis 14 años de trabajo conocí a ejecutivos que cuando estaban en la compañía transpiraban un aura de seguridad y de poder que realmente se podía palpar y sentir. Inspiraban respeto. Su poder se extendía por todo su reino y su palabra era la ley.
Sin embargo a muchos de ellos los conocí en persona fuera de la compañía y me di cuenta de que una vez traspasaban los umbrales de la compañía se convertían en un mortal más. Gran parte de ellos no saben como desenvolverse en el mundo exterior, ya que fuera de la compañía, a nadie le interesa un comino quienes eran ellos, ni que posición ocupaban dentro del engranaje ejecutivo de su compañía. Para ellos, eran una persona más.
Ello conducía a que dichas personas abandonaran el concepto de “tener una vida” – familia, consorte, hijos, negocio propio, etc. – para refugiarse en el único lugar donde se sentían alguien; donde realmente pensaban que tenían un propósito: su trabajo y su posición.
Triste es el destino de aquellas personas que basan su ser y su valía en elementos ajenos a su control – como los antes mencionados – ya que carecerán del control y de la influencia necesaria para realmente determinar para que están en éste mundo, ya que otros son los que tomarán esa decisión por ellos.
En otros casos las personas se centran en otros elementos como la familia; la religión; la política; etc., los que al final hacen el mismo daño que centrarse en el trabajo: limitan a la persona y no le permiten ser lo que realmente debería ser.
Quién realmente somos, solamente lo podemos determinar nosotros mismos, y para ello deberíamos tener la sabiduría de darnos a nosotros mismos la libertad de examinar y “ejercitar” cada una de nuestras facetas, de manera que nuestro ser se manifieste de forma integral y no de la manera mutilada que la mayoría de nosotros ostentamos.
Mi ánimo es egoísta - lo acepto -, ya que mi principal objetivo es reafirmar diariamente mi constante búsqueda del éxito, hasta alcanzarlo; y ejercitar mi "músculo" literario. Para ello me serviré de todo el material estudiado hasta el momento y del que llegue a mis manos en el futuro. Compartiré también mis experiencias con los gentiles lectores que se sirvan pasar por esta esquinita de la web, y para ello trataré de expresarme de forma apropiada - ¡Vive Dios que lo intentaré! –, sucinta y sencilla; para que mi mensaje sea comprensible para todos los internautas. Agradeceré todos los comentarios que se sirvan dejar y todas las sugerencias que se hagan, entendiendo desde el principio que los mismos llevan la intención de servir de edificación para todos y para el perfeccionamiento de la técnica en nuestra incesante “Búsqueda de la Excelencia”.